El nuevo papa deberá asumir el liderazgo para afrontar temas internos de la iglesia católica, con tendencias conservadoras y progresistas en pugna y para buscar la paz y la justicia en el mundo. El celibato sacerdotal, la presencia de la mujer en el sacerdocio y las jerarquías católicas, la erradicación de la pedofilia y conflictos sexuales del clero, las cuentas del Banco del Vaticano, demandan decisiones inmediatas para renovar la Iglesia Católica a fin de que su ejemplo aporte a mejorar las condiciones del mundo y de la humanidad, cuando la ciencia y la tecnología impactan en la vida cotidiana

El cristianismo, con más de dos mil años de tradición y alrededor de mil quinientos millones de fieles en todos los continentes, ha tenido influencia poderosa en la historia de la humanidad. Desde Pedro, el primer papa, son 267 hasta Robert Francis Prevost, León XIV, estadounidense nacionalizado en Perú, el papa de hoy.

El poder temporal y espiritual de la religión católica incide en el destino de los pueblos, en su cultura, economía y pensamiento, convirtiéndola en una institución universal cuyas catedrales, basílicas, templos y capillas, en grandes ciudades o pequeños caseríos, marcan su presencia en el destino de una gran parte de los habitantes del mundo. Su teología y sus mensajes han servido para crear convivencia entre individuos y sociedades en más de veinte siglos. Como toda institución humana, sin embargo, no ha estado al margen de turbulencias y cuando predomina el bienestar material sobre los valores éticos, tiene el reto de contribuir a la reorientación de la conducta de las nuevas generaciones.

La reciente posesión de León XIV genera expectativas sobre su conducción de la iglesia y su papel para renovar la doctrina y la práctica cristiana. Camino a 70 años, pertenece a la comunidad misionera de los agustinos. Tiene como referentes inmediatos a tres papas desde el año 2000, lapso en el cual el mundo y la vida han incorporado niveles insospechados de desarrollo tecnológico y científico. Esta realidad revoluciona al mundo y León XIV ha tomado el nombre de su homónimo León XIII, de la encíclica Rerum Novarum, en defensa de los derechos de los obreros, como inspiración de su gestión en este tiempo.

 El Papa Francisco y el Cardenal Robert Francis Prevost: El nuevo Papa parece fue el candidato preferido de su antecesor. 

Los tres papas que le antecedieron: Juan Pablo II desde 1978 hasta el primer lustro del siglo XXI. Polaco bautizado Karol Wotjila, nacido en 1920, gobernó veinte y siete años, en contraste con su antecesor, Juan Pablo I, que murió a 33 días de pontificado. Juan Pablo II visitó 129 países, en el afán de expandir el catolicismo por el mundo y relacionarse con otras iglesias cristianas, para romper barreras frente a comunes metas espirituales.

El 13 de mayo de 1981 recorría la plaza de San Pedro entre la multitud y el belga Alí Agka le impactó cuatro tiros, causándole heridas graves. El criminal, detenido por la guardia papal, dos años después recibió la visita del pontífice en la cárcel, quien lo perdonó, pero de vuelta a su país fue apresado por crímenes anteriores. Nunca se esclareció de donde vino el intento de asesinato, pero se acusó a la KGB de la Unión Soviética.

Canonizado por Benedicto XVI en 2014, poco pudo hacer ante la corrupción de jerarcas y sacerdotes católicos, muchos de ellos implicados en pedofilia. El literato y periodista Eliécer Cárdenas, en la edición Nro. 257 de AVANCE, publicó un artículo sobre su gestión: “Juan Pablo II dejó un legado que ahora parece pesar sobre la Iglesia: una rigidez que contribuye sin duda a la falta de vocaciones religiosas. ¿Por qué no permitir el matrimonio de los curas párrocos si esta prohibición no es ningún dogma sino un mero acto administrativo eclesiástico? ¿Por qué no permitir que las mujeres, la mitad de los fieles católicos, ejerzan el sacerdocio en una época de igualdad de género? Estos son interrogantes que suelen hacerse críticos del férreo conservadurismo vaticano...

En Europa las iglesias se vacían y aumentan las mezquitas del Islam. En América Latina las confesiones evangélicas ganan terreno al tradicional catolicismo del continente evangelizado por los misioneros católicos. Renovarse o morir puede ser una consigna que también puede servir para que la Iglesia no se anquilose…

Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005 y le sucedió Benedicto XVI, de 78 años, el pontífice elegido de más edad en tres siglos. Alemán, Joseph Ratzinger, saludó a la multitud en la plaza de San Pedro, luego de la humareda blanca sobre la basílica: “Soy simplemente un peregrino que comienza la última etapa de su peregrinación en esta tierra”, dijo.

Juan Pablo, Benedicto y Fenacisco los tres Papas que precedieron al actual en el presente siglo.

Su elección tuvo críticas dentro de la iglesia. El cardenal belga Goodfried Daneels no asistió a la cena que en la noche de la elección brindaba el Vaticano. El teólogo suizo Hans Küng expresó su decepción pero esperaba “un pequeño milagro que le haga cambiar de mentalidad al nuevo papa”. Leonardo Boff, de la Teología de la Liberación, dijo que “como cristiano acepto y respeto la decisión pero será difícil amar a este papa por su posición respecto a la iglesia y al mundo”. El obispo brasileño Pedro Casaldáliga dijo: “Creíamos que ya había llegado la hora de cambiar, pero parece que hay que esperar un poco… la caminata continúa”.

Ratzinger, nacido el 16 de abril de 1927, estuvo en las juventudes hitlerianas y se separó poco antes de ordenarse sacerdote el 29 de junio de 1951, cuando inicia una carrera religiosa ascendente, de gran formación teológica. En 1982 el cardenal alemán Joseph Frings le llevó como asesor al Concilio Vaticano II, donde surgen sus primeras influencias eclesiásticas de orientación conservadora en oposición al mundo secularizado.

Cuando en 1981 Juan Pablo II le nombró Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, se pronunció contra el aborto, la igualdad de las creencias religiosas, el uso de preservativos, la Teología de la Liberación y el islamismo, el celibato sacerdotal y objetó darles la comunión a los divorciados. En su pontificado estos serían temas reiterativos, que marcaron divergencias entre corrientes conservadoras y modernas del catolicismo.

En una visita pontifical a Brasil minimizó las crueldades de la colonización, provocando protestas indígenas que le llevaron a corregir el sentido de su discurso.

Fue polémica también la rehabilitación de obispos cismáticos defensores del holocausto nazi y que consideraban que los atentados de las torres gemelas en Estados Unidos los promovió el mismo gobierno de ese país.

Cuando visitó África Benedicto proclamó la oposición al uso de preservativos frente a los contagios del Sida, causando reacciones mundiales por su discurso anacrónico e insensible frente a una realidad trágica del pueblo africano.

En 2010 Benedicto insinuó la posibilidad de abdicar por su edad y por el bien de la Iglesia. Pero lo que enfrentaba era la crisis por la marcada división entre corrientes conservadoras y modernas de la iglesia, y el escándalo de abusos sexuales de sacerdotes y prelados, bajo un silencio pontificio que al volverse inocultable le indujo a reconocer la “suciedad en la iglesia” y pedir perdón a las víctimas. El 28 de febrero de 2013 renunció y pasó a un encierro como papa emérito, hasta morir el 31 de diciembre de 2022. Ocho años fue papa en funciones y nueve años emérito.

Leonardo Boff, reconocido prelado de la Teología de la Liberación, al comentar sobre la renuncia papal señaló: “Se dio cuenta de que ya no conseguía conducir la iglesia. Otro deberá venir a arreglar la situación… Pero fue una advertencia fortísima a la curia vaticana que debe esperar profundas reformas”.

Y entonces el argentino Jorge Bergoglio, de 76 años, fue elegido papa en marzo de 2013, y se bautizó Francisco, anunciando su preferencia por los pobres, a inspiración de San Francisco de Asís. Nació en 1936 y murió el 21 de abril de 2025, de 89 años. Desde 1998 fue arzobispo de Buenos Aires y en 2001 le ascendió a cardenal Juan Pablo II.

Desde el comienzo de su gestión Francisco tuvo un discurso comprensivo de la nueva realidad que afrontaba la iglesia y el mundo, con una visión de reformas. Algunas frases suyas resumen su visión renovadora frente a situaciones de actualidad humana. “¿Quién soy yo para juzgarles?”, dijo en respuesta a un periodista que le preguntó sobre la homosexualidad y los movimientos LBGTI, condenados por las jerarquías eclesiásticas.

Francisco fue crítico de las formas suntuosas de vida de cardenales y prelados y manifestó que gustaría que la iglesia fuera pobre y para los pobres. Priorizó la sencillez y la renuncia a solemnidades que hicieron de los papas autoridades monárquicas. Prefirió vivir en áreas secundarias del Vaticano, renunciando a las mansiones pontificias seculares. Y hasta para descansar en la eternidad, escogió una tumba no en la basílica de San Pedro, sino en la basílica Santa María la Mayor, pidiendo un sepelio sencillo, en un ataúd simple, a diferencia de los cofres sofisticados de los pontífices tradicionales.

Del control de la natalidad tuvo expresiones de avanzada sobre la paternidad responsable, criticando a quienes pensaban que son buenos católicos reproduciéndose como conejos. Lamentó y sancionó la actitud de prelados abusando de los niños, lo cual consideró una enfermedad, por la que debería seleccionarse cuidadosamente a los candidatos al sacerdocio.

En relación a los conflictos internacionales señaló que construir muros no es una actitud cristiana y se debería mejorar la relación y fraternidad entre los pueblos.

Juan XXIII y Francisco propusieron la renovación de la iglesia. Separados casi por tres décadas, tuvieron inquietudes comunes frente a problemas que aún persisten. Juan XXIII emitió en 1962 la instrucción Crimen Solicitationis, para sancionar los acercamientos sexuales de sacerdotes con sus fieles. Un punto débil que, pese a las denuncias y reacciones de las víctimas, no ha logrado erradicarse, como los privilegios en la vida de prelados ajenos a la pobreza de católicos y no católicos que sobreviven con penurias.

Un Papa latino nacido en EE.UU.

Robert Francis Prevost, agustino estadounidense nacionalizado peruano, es el Papa León XIV, elegido por el cónclave de 133 cardenales, 108 nombrados por el pontífice precedente. Ordenado sacerdote en 1982, desde 1985 ejerció el sacerdocio en Chulucana, Perú. Estudió matemáticas, teología y derecho canónico en Estados Unidos y Roma. En 2015 asumió el obispado de Chiclayo, nombrado por el papa Francisco, para lo cual hubo de nacionalizarse en Perú.

Recorrió pueblos del norte peruano y mantuvo contacto con pobladores urbanos y campesinos, movilizándose a caballo por caminos precarios. Su trayectoria religiosa fue mayoritariamente en el país latinoamericano, donde atrajo simpatías populares. En 2023 es nombrado por el papa Francisco Prefecto del dicaterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Este mismo año es ascendido a Cardenal, funciones por las que abandona Perú y se radica en Roma.

El cónclave le eligió en cuatro votaciones, con clara influencia de la voluntad del papa Francisco, que en los últimos dos años le promocionó para que le sucediera en el trono. En su primera aparición pública como papa y en declaraciones posteriores, ha sido reiterativo en agradecer al papa Francisco, dando a entender que continuará su misión renovadora.

Al iniciar su gestión aludió a la paz, como anuncio de una aspiración trascendental de su papado en estos tiempos de conflictos internacionales. “Nunca más las guerras”, dijo, cuando en varios sitios del mundo hay confrontaciones y masacres.

Se deberá esperar el avance de su ejercicio para valorar si la gestión del nueve jefe de la iglesia católica logra ser independiente de las jerarquías del entorno pontificio, con marcadas diferencias entre tendencias progresistas y tradicionales

Leones y Benedictos, historias y anécdotas

León XIV adoptó su nombre por admiración a León XIII, que tuvo un largo papado, con 25 años y 155 días, entre 1878 y 1903, papa número 256. León XIII, hijo de un carpintero romano, se preocupó por impulsar la doctrina social de la iglesia. Su encíclica Rerum Novarum, llama a proteger a los obreros.

Los papas León I, Nro 45 (años 440-461) y León III, Nro. 96 (años 795-816), están entre los Leones que gobernaron la iglesia por más tiempo, con 21 años cada uno, aunque el récord batió el papa Nro. 225, Pío IX, de 1946 a 1978, con 31 años, siete meses y 22 días, seguido por Juan Pablo II, Nro. 264, 27 años y medio (1978 - 2005).

En contraste, otros papas leones tuvieron corta duración. León II, Nro. 20, un año, de 682 a 683; de León V, Nro.118, no se conoce desde cuándo hasta cuándo ejerció, el año 903, presumiéndose que habría sido por un mes; el papa León XI, Nro. 232, elegido en abril de 1605, murió a poco de su nominación.

Los papas más efímeros en la historia de la iglesia son Urbano VII, por trece días, del 15 al 27 de septiembre de 1590 y, en tiempos modernos Juan Pablo I, por 33 días, del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978, cuando falleció en forma súbita.

Aún cercana la memoria de Benedicto XVI, vale recordar a Benedicto IX, que en tres períodos tuvo los puestos 145, 147 y 150 en la lista pontificia, entre 1032 y 1048. Asumió la primera vez de 19 años. Se lo llamó “papa niño”, caracterizado por la corrupción y vida de lujos. De una familia rica e influyente de Roma, su vida escandalosa con romances, robos, sobornos, provocó la reacción de los cardenales que le pidieron la renuncia y aceptó, a cambio de dinero. Le sucedió Silvestre III, Nro.146, depuesto a los seis meses, pues Benedicto recuperó por las armas el papado Nro. 147 en 1045.

No obstante, a poco renunció y nominó sucesor a Gregorio VI (Nro. 148), para contraer matrimonio, pero la novia se negó al casamiento. Le sucedió Clemente II, Nro.149, en diciembre de 1046, quien murió en octubre de 1047 en forma súbita y accedió por tercera vez al papado el mismo Benedicto, Nro. 150, pero fue excomulgado y expulsado por los cardenales en julio de 1048. Fue acusado de envenenar al papa Clemente, cuyos restos exhumados siglos después confirmaron que murió por veneno. Desde Benedicto IX, debió pasar casi un milenio para que en 2023 otro Benedicto, Nro. XVI, renunciara al papado, por causas de salud y el bien de la Iglesia. (RTE)

El cristianismo, con más de dos mil años de tradición y alrededor de mil quinientos millones de fieles en todos los continentes, ha tenido influencia poderosa en la historia de la humanidad. Desde Pedro, el primer papa, son 267 hasta Robert Francis Prevost, León XIV, estadounidense nacionalizado en Perú, el papa de hoy.

El poder temporal y espiritual de la religión católica incide en el destino de los pueblos, en su cultura, economía y pensamiento, convirtiéndola en una institución universal cuyas catedrales, basílicas, templos y capillas, en grandes ciudades o pequeños caseríos, marcan su presencia en el destino de una gran parte de los habitantes del mundo. Su teología y sus mensajes han servido para crear convivencia entre individuos y sociedades en más de veinte siglos. Como toda institución humana, sin embargo, no ha estado al margen de turbulencias y cuando predomina el bienestar material sobre los valores éticos, tiene el reto de contribuir a la reorientación de la conducta de las nuevas generaciones.

La reciente posesión de León XIV genera expectativas sobre su conducción de la iglesia y su papel para renovar la doctrina y la práctica cristiana. Camino a 70 años, pertenece a la comunidad misionera de los agustinos. Tiene como referentes inmediatos a tres papas desde el año 2000, lapso en el cual el mundo y la vida han incorporado niveles insospechados de desarrollo tecnológico y científico. Esta realidad revoluciona al mundo y León XIV ha tomado el nombre de su homónimo León XIII, de la encíclica Rerum Novarum, en defensa de los derechos de los obreros, como inspiración de su gestión en este tiempo.

Los tres papas que le antecedieron: Juan Pablo II desde 1978 hasta el primer lustro del siglo XXI. Polaco bautizado Karol Wotjila, nacido en 1920, gobernó veinte y siete años, en contraste con su antecesor, Juan Pablo I, que murió a 33 días de pontificado. Juan Pablo II visitó 129 países, en el afán de expandir el catolicismo por el mundo y relacionarse con otras iglesias cristianas, para romper barreras frente a comunes metas espirituales.

El 13 de mayo de 1981 recorría la plaza de San Pedro entre la multitud y el belga Alí Agka le impactó cuatro tiros, causándole heridas graves. El criminal, detenido por la guardia papal, dos años después recibió la visita del pontífice en la cárcel, quien lo perdonó, pero de vuelta a su país fue apresado por crímenes anteriores. Nunca se esclareció de donde vino el intento de asesinato, pero se acusó a la KGB de la Unión Soviética.

Canonizado por Benedicto XVI en 2014, poco pudo hacer ante la corrupción de jerarcas y sacerdotes católicos, muchos de ellos implicados en pedofilia. El literato y periodista Eliécer Cárdenas, en la edición Nro. 257 de AVANCE, publicó un artículo sobre su gestión: “Juan Pablo II dejó un legado que ahora parece pesar sobre la Iglesia: una rigidez que contribuye sin duda a la falta de vocaciones religiosas. ¿Por qué no permitir el matrimonio de los curas párrocos si esta prohibición no es ningún dogma sino un mero acto administrativo eclesiástico? ¿Por qué no permitir que las mujeres, la mitad de los fieles católicos, ejerzan el sacerdocio en una época de igualdad de género? Estos son interrogantes que suelen hacerse críticos del férreo conservadurismo vaticano...

En Europa las iglesias se vacían y aumentan las mezquitas del Islam. En América Latina las confesiones evangélicas ganan terreno al tradicional catolicismo del continente evangelizado por los misioneros católicos. Renovarse o morir puede ser una consigna que también puede servir para que la Iglesia no se anquilose…”

Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005 y le sucedió Benedicto XVI, de 78 años, el pontífice elegido de más edad en tres siglos. Alemán, Joseph Ratzinger, saludó a la multitud en la plaza de San Pedro, luego de la humareda blanca sobre la basílica: “Soy simplemente un peregrino que comienza la última etapa de su peregrinación en esta tierra”, dijo.

Su elección tuvo críticas dentro de la iglesia. El cardenal belga Goodfried Daneels no asistió a la cena que en la noche de la elección brindaba el Vaticano. El teólogo suizo Hans Küng expresó su decepción pero esperaba “un pequeño milagro que le haga cambiar de mentalidad al nuevo papa”. Leonardo Boff, de la Teología de la Liberación, dijo que “como cristiano acepto y respeto la decisión pero será difícil amar a este papa por su posición respecto a la iglesia y al mundo”. El obispo brasileño Pedro Casaldáliga dijo: “Creíamos que ya había llegado la hora de cambiar, pero parece que hay que esperar un poco… la caminata continúa”.

Ratzinger, nacido el 16 de abril de 1927, estuvo en las juventudes hitlerianas y se separó poco antes de ordenarse sacerdote el 29 de junio de 1951, cuando inicia una carrera religiosa ascendente, de gran formación teológica. En 1982 el cardenal alemán Joseph Frings le llevó como asesor al Concilio Vaticano II, donde surgen sus primeras influencias eclesiásticas de orientación conservadora en oposición al mundo secularizado.

Cuando en 1981 Juan Pablo II le nombró Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, se pronunció contra el aborto, la igualdad de las creencias religiosas, el uso de preservativos, la Teología de la Liberación y el islamismo, el celibato sacerdotal y objetó darles la comunión a los divorciados. En su pontificado estos serían temas reiterativos, que marcaron divergencias entre corrientes conservadoras y modernas del catolicismo.

En una visita pontifical a Brasil minimizó las crueldades de la colonización, provocando protestas indígenas que le llevaron a corregir el sentido de su discurso.

Fue polémica también la rehabilitación de obispos cismáticos defensores del holocausto nazi y que consideraban que los atentados de las torres gemelas en Estados Unidos los promovió el mismo gobierno de ese país.

Cuando visitó África Benedicto proclamó la oposición al uso de preservativos frente a los contagios del Sida, causando reacciones mundiales por su discurso anacrónico e insensible frente a una realidad trágica del pueblo africano.

En 2010 Benedicto insinuó la posibilidad de abdicar por su edad y por el bien de la Iglesia. Pero lo que enfrentaba era la crisis por la marcada división entre corrientes conservadoras y modernas de la iglesia, y el escándalo de abusos sexuales de sacerdotes y prelados, bajo un silencio pontificio que al volverse inocultable le indujo a reconocer la “suciedad en la iglesia” y pedir perdón a las víctimas. El 28 de febrero de 2013 renunció y pasó a un encierro como papa emérito, hasta morir el 31 de diciembre de 2022. Ocho años fue papa en funciones y nueve años emérito.

Leonardo Boff, reconocido prelado de la Teología de la Liberación, al comentar sobre la renuncia papal señaló: “Se dio cuenta de que ya no conseguía conducir la iglesia. Otro deberá venir a arreglar la situación… Pero fue una advertencia fortísima a la curia vaticana que debe esperar profundas reformas”.

Y entonces el argentino Jorge Bergoglio, de 76 años, fue elegido papa en marzo de 2013, y se bautizó Francisco, anunciando su preferencia por los pobres, a inspiración de San Francisco de Asís. Nació en 1936 y murió el 21 de abril de 2025, de 89 años. Desde 1998 fue arzobispo de Buenos Aires y en 2001 le ascendió a cardenal Juan Pablo II.

Desde el comienzo de su gestión Francisco tuvo un discurso comprensivo de la nueva realidad que afrontaba la iglesia y el mundo, con una visión de reformas. Algunas frases suyas resumen su visión renovadora frente a situaciones de actualidad humana. “¿Quién soy yo para juzgarles?”, dijo en respuesta a un periodista que le preguntó sobre la homosexualidad y los movimientos LBGTI, condenados por las jerarquías eclesiásticas.

Francisco fue crítico de las formas suntuosas de vida de cardenales y prelados y manifestó que gustaría que la iglesia fuera pobre y para los pobres. Priorizó la sencillez y la renuncia a solemnidades que hicieron de los papas autoridades monárquicas. Prefirió vivir en áreas secundarias del Vaticano, renunciando a las mansiones pontificias seculares. Y hasta para descansar en la eternidad, escogió una tumba no en la basílica de San Pedro, sino en la basílica Santa María la Mayor, pidiendo un sepelio sencillo, en un ataúd simple, a diferencia de los cofres sofisticados de los pontífices tradicionales.

Del control de la natalidad tuvo expresiones de avanzada sobre la paternidad responsable, criticando a quienes pensaban que son buenos católicos reproduciéndose como conejos. Lamentó y sancionó la actitud de prelados abusando de los niños, lo cual consideró una enfermedad, por la que debería seleccionarse cuidadosamente a los candidatos al sacerdocio.

En relación a los conflictos internacionales señaló que construir muros no es una actitud cristiana y se debería mejorar la relación y fraternidad entre los pueblos.

Juan XXIII y Francisco propusieron la renovación de la iglesia. Separados casi por tres décadas, tuvieron inquietudes comunes frente a problemas que aún persisten. Juan XXIII emitió en 1962 la instrucción Crimen Solicitationis, para sancionar los acercamientos sexuales de sacerdotes con sus fieles. Un punto débil que, pese a las denuncias y reacciones de las víctimas, no ha logrado erradicarse, como los privilegios en la vida de prelados ajenos a la pobreza de católicos y no católicos que sobreviven con penurias.

Un Papa latino nacido en EE.UU.

Robert Francis Prevost, agustino estadounidense nacionalizado peruano, es el Papa León XIV, elegido por el cónclave de 133 cardenales, 108 nombrados por el pontífice precedente. Ordenado sacerdote en 1982, desde 1985 ejerció el sacerdocio en Chulucana, Perú. Estudió matemáticas, teología y derecho canónico en Estados Unidos y Roma. En 2015 asumió el obispado de Chiclayo, nombrado por el papa Francisco, para lo cual hubo de nacionalizarse en Perú.

Recorrió pueblos del norte peruano y mantuvo contacto con pobladores urbanos y campesinos, movilizándose a caballo por caminos precarios. Su trayectoria religiosa fue mayoritariamente en el país latinoamericano, donde atrajo simpatías populares. En 2023 es nombrado por el papa Francisco Prefecto del dicaterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Este mismo año es ascendido a Cardenal, funciones por las que abandona Perú y se radica en Roma.

El cónclave le eligió en cuatro votaciones, con clara influencia de la voluntad del papa Francisco, que en los últimos dos años le promocionó para que le sucediera en el trono. En su primera aparición pública como papa y en declaraciones posteriores, ha sido reiterativo en agradecer al papa Francisco, dando a entender que continuará su misión renovadora.

Al iniciar su gestión aludió a la paz, como anuncio de una aspiración trascendental de su papado en estos tiempos de conflictos internacionales. “Nunca más las guerras”, dijo, cuando en varios sitios del mundo hay confrontaciones y masacres.

Se deberá esperar el avance de su ejercicio para valorar si la gestión del nueve jefe de la iglesia católica logra ser independiente de las jerarquías del entorno pontificio, con marcadas diferencias entre tendencias progresistas y tradicionales

Leones y Benedictos, historias y anécdotas

León XIV adoptó su nombre por admiración a León XIII, que tuvo un largo papado, con 25 años y 155 días, entre 1878 y 1903, papa número 256. León XIII, hijo de un carpintero romano, se preocupó por impulsar la doctrina social de la iglesia. Su encíclica Rerum Novarum, llama a proteger a los obreros.

Los papas León I, Nro 45 (años 440-461) y León III, Nro. 96 (años 795-816), están entre los Leones que gobernaron la iglesia por más tiempo, con 21 años cada uno, aunque el récord batió el papa Nro. 225, Pío IX, de 1946 a 1978, con 31 años, siete meses y 22 días, seguido por Juan Pablo II, Nro. 264, 27 años y medio (1978 - 2005).

 El misionero Prevost en una jornada habitual en sus tiempos de ejercicio sacerdotal en zonas rurales del Perú.

En contraste, otros papas leones tuvieron corta duración. León II, Nro. 20, un año, de 682 a 683; de León V, Nro.118, no se conoce desde cuándo hasta cuándo ejerció, el año 903, presumiéndose que habría sido por un mes; el papa León XI, Nro. 232, elegido en abril de 1605, murió a poco de su nominación.

Los papas más efímeros en la historia de la iglesia son Urbano VII, por trece días, del 15 al 27 de septiembre de 1590 y, en tiempos modernos Juan Pablo I, por 33 días, del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978, cuando falleció en forma súbita.

Aún cercana la memoria de Benedicto XVI, vale recordar a Benedicto IX, que en tres períodos tuvo los puestos 145, 147 y 150 en la lista pontificia, entre 1032 y 1048. Asumió la primera vez de 19 años. Se lo llamó “papa niño”, caracterizado por la corrupción y vida de lujos. De una familia rica e influyente de Roma, su vida escandalosa con romances, robos, sobornos, provocó la reacción de los cardenales que le pidieron la renuncia y aceptó, a cambio de dinero. Le sucedió Silvestre III, Nro.146, depuesto a los seis meses, pues Benedicto recuperó por las armas el papado Nro. 147 en 1045.

No obstante, a poco renunció y nominó sucesor a Gregorio VI (Nro. 148), para contraer matrimonio, pero la novia se negó al casamiento. Le sucedió Clemente II, Nro.149, en diciembre de 1046, quien murió en octubre de 1047 en forma súbita y accedió por tercera vez al papado el mismo Benedicto, Nro. 150, pero fue excomulgado y expulsado por los cardenales en julio de 1048. Fue acusado de envenenar al papa Clemente, cuyos restos exhumados siglos después confirmaron que murió por veneno. Desde Benedicto IX, debió pasar casi un milenio para que en 2023 otro Benedicto, Nro. XVI, renunciara al papado, por causas de salud y el bien de la Iglesia. (RTE)

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