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por: Rolando Tello Espinoza

La muerte de Alejandro Serrano Aguilar enlutó al deporte, la cultura, la política, y al país. En los 70 del siglo XX planificó el desarrollo moderno de Cuenca con obras esenciales ejecutadas con técnica, oportunidad y previsión hacia futuras proyecciones

En la escuela de los Hermanos Cristianos, Alejandro Serrano jugaba fútbol con pelotas de trapo, en los 40 del siglo XX. Las de bleris eran escasas y de alto precio. Treinta años después, fundaría el equipo profesional que desde 1971 representa a Cuenca en los campeonatos nacionales de fútbol. El estadio de la ciudad lleva su nombre.

 

Colegial, fue docente en una escuela correccional de niños problemáticos en la vieja casa del barrio San Sebastián llamada De la Temperancia. Graduado de bachiller del colegio jesuita Rafael Borja, dictó matemáticas en este plantel y en los colegios Benigno Malo, Garaicoa y Rosa de Jesús Cordero. Gustaba también el básket, integró la selección del Azuay, se hizo ingeniero y se doctoró en Filosofía, de cuya Facultad fue profesor y decano.

Era alumno universitario cuando el Presidente Camilo Ponce Enríquez (1956-1960) le nombró Gobernador del Azuay, y debió esperar unas semanas hasta cumplir los 25, edad que le habilitaba para el cargo. Sin filiación política, por su tendencia de centro derecha llegó a diputado por el partido Conservador.

La docencia era su principal vocación y en 1957 fue de los once primeros egresados de Filosofía fundadores del primer colegio particular nocturno de Cuenca, el Octavio Cordero Palacios, nombre evocador de un personaje ilustre en la cultura local, padre de Hernán, su compañero de aulas en Filosofía. Un colegio gratuito de maestros sin sueldo, que desde hace años ya es fiscal.

En lo particular, Serrano fundó la empresa CIMASA, fabricante de estructuras metálicas para puentes, naves industriales y obras similares, aplicando la especialidad de Metalurgia y Soldadura que cursó en la Escuela Superior de Ingenieros Navales de Madrid, España. Largos años fue Gerente Regional y articulista de la página editorial del diario El Comercio.

Entre el 1 de agosto de 1970 al 30 de abril de 1977, Alcalde de Cuenca, los últimos dos años en funciones prorrogadas porque durante las dictaduras no había elecciones. Luego pasó a dirigir la Organización Americana de Cooperación Intermunicipal (OACI) con sede en Madrid.

En 1987 se jubiló con 32 años de magisterio en la Universidad de Cuenca, pero siguió en la docencia en la Universidad del Azuay, en la cátedra de Lógica Jurídica. En este plantel fundó el Instituto Ecuatoriano de Régimen Seccional (IERSE), que lo dirigió, para aplicar experiencias del cargo anterior en Madrid.

En 1993 el Presidente Sixto Durán Ballén le nombró Presidente del Consejo de Programación de Obras Emergentes para la reconstrucción integral de las provincias del Azuay, Cañar y Morona, gravemente afectadas por el milenario fenómeno hidrogeológico de La Josefina.

 

 El Vicepresidente Serrano y su esposa Ana Cordero Acosta, visitaron a Benedicto XVI a poco que asumiera el pontificado.

En mayo de 2005, al ser derrocado el Presidente Lucio Gutiérrez y remplazado por el Vicepresidente Alfredo Palacio, éste le pidió que aceptara el primer lugar en la terna de la que el Congreso escogería al Vicepresidente. Así llegó al último cargo político, hasta enero de 2007, que irrumpió la década del correísmo.

En 2018 se separó de la Universidad del Azuay por razones de salud que le llevaron a luchar, pacientemente, con una enfermedad que le causó la muerte el 6 de agosto de 2019. En la Universidad del Azuay, en la Catedral Vieja y en la Catedral Nueva de Cuenca, recibió homenajes póstumos, para ser sepultado en el Cementerio Santa Ana con honores oficiales y militares propios de los personajes de altas investiduras. En algún momento, quizá, sus restos irían a la sección de ciudadanos ilustres del cementerio patrimonial de la ciudad.

 

 

El público levanta en hombros al fundador del Deportivo Cuenca, cuando en su administración municipal el equipo por dos veces participó en la Copa Suramericana de Fútbol.

 

Lo espeso: la obra municipal

Nacido el 14 de enero de 1933, meses antes de morir entregó al Director de AVANCE una síntesis en diez páginas sobre su gestión municipal, obra colectiva con los concejales –que trabajaban ad honorem- y de funcionarios, “no mérito personal mío”. De sus múltiples responsabilidades públicas, la gestión municipal Alejandro Serrano Aguilar la consideró de sus mayores realizaciones. A ellas se refiere el documento extractado por su valor histórico.

Lo primero al comenzar su alcaldía fue planificar la obra municipal, a partir de un censo del área urbana. “La ciudad tenía, al cumplir 150 años de vida independiente, 100 mil habitantes. Por varios métodos de proyección matemática, se estableció que para el 2000 serían 300 mil. Estos datos fueron la premisa para lo que consideraba lo primordial y más importante, la planificación”.

En alcantarillado se construyeron grandes colectores en la Huayna Cápac, Calle Vieja, La Mar, Miguel Vélez, González Suárez y marginales del Tomebamba. Para redes secundarias se usó por primera vez cofres neumáticos y grandes hormigoneras, para acabar las tradicionales inundaciones.

En agua potable, había la planta de El Cebollar, “una planta de tratamiento modelo en lo técnico y ornamental, diseñada y construida para 200 litros por segundo, insuficientes ya entonces”. Se la amplió y se construyeron cinco tanques de almacenamiento para 1.500 metros cúbicos cada uno, con válvulas reguladoras de presión homogénea en toda la ciudad. “Manteniendo la alta calidad del agua, al término de mi gestión se producían 800 litros por segundo, cuadruplicando el volumen de servicio, mejorándolo en los sectores existentes y atendiéndolo donde no se disponía”.

En 1970 Cuenca tenía dos mil teléfonos y la demanda crecía rápidamente, “cumpliéndose aquel aforismo que dice: lo que comienza siendo un lujo termina por ser una necesidad… Cuando concluyó mi gestión la ciudad disponía de ocho mil líneas”. Y aparte del logro cuantitativo, destaca lo cualitativo, cuando el Instituto de Telecomunicaciones había automatizado el servicio interurbano, interprovincial y se lanzaba con estaciones satelitales a la conexión internacional, quedándose Cuenca dependiendo de operadoras intermedias de Quito o Guayaquil. Entonces se logró que el Presidente Velasco Ibarra apoyara un convenio entre ETAPA y el IETEL para resolver el aislamiento, lo que requirió instalar estaciones repetidoras en Buerán y Altarurco. “Una vez satisfechas estas exigencias, en junio de 1974 se inició el servicio automático interprovincial e internacional y los cuencanos pudimos ver por televisión a colores el campeonato mundial de fútbol en Alemania”.

Terminadas las obras de infraestructura –canalización, agua potable y redes de servicio telefónico- se acometió la pavimentación con obras definitivas: “la colocación de losas de hormigón en las avenidas Huayna Cápac, Héroes de Verdeloma, 12 de Abril, Solano, Ramírez Dávalos, Calle Vieja, Hurtado de Mendoza, etc. Y calles de menor importancia entre las cuales cabe mencionar las de la ciudadela Bellavista, en contrato con el Seguro Social”.

“Parte fundamental del capítulo vial fue la construcción de puentes que afrontó el Concejo por su cuenta, como los de la Circunvalación sobre los ríos Tomebamba y Yanuncay, del Otorongo, El Vergel y Monay, los dos puentes sobre el Yanuncay al término de la avenida Solano, el de vigas rectas sobre el río Tarqui y el llamado Puente Bolívar junto a la quinta del mismo nombre”, dice el documento, que alude luego a obras ornamentales, como parques relativamente pequeños en diversos barrios.

En su administración empezó a valorarse la arquitectura tradicional. “El punto crítico fue la destrucción del edificio de la Gobernación, por el gobierno nacional, y la construcción del actual. Desde entonces se tuvo el cuidado en autorizar estas acciones y se organizó un equipo técnico presidido por el arquitecto Patricio Muñoz Vega cuya misión consistió en hacer estudios de la arquitectura tradicional. Se realizó el primer inventario de inmuebles de valor arquitectónico tradicional cuya preservación quedó establecida con disposiciones expresas”.

El inicio de esta política de control fue evitar la destrucción de la Casa de Temperancia, donde el Ministerio de Salud planeaba construir un moderno hospital. “Con el Ministro Asdrúbal de la Torre llegamos a un entendimiento por el cual el Municipio le entregaría el área necesaria en el llamado Parque del Paraíso. La legalización del convenio se perfeccionaría después, pero el Municipio pudo disponer de aquella vieja casona para planificar lo que sería el Museo de Arte Moderno”.

Entre otras obras importantes, el documento se refiere al Terminal Terrestre, empezando por su ubicación, adquisición del terreno, planos y cálculos estructurales. “Se contrató su ejecución y quedó a punto de concluir al 30 de abril de 1977. Para financiarlo, se emitió bonos por veinte millones de sucres cuya amortización vino del Presupuesto del Estado previas las gestiones del caso”. También se hizo estudios de la ubicación y magnitud del Mercado Regional de Productores, hoy conocido como El Arenal.

Sobre recolección y disposición final de basuras, se realizó un estudio y evaluación de los requerimientos para los diez años inmediatos. “Se pudo adquirir seis recolectores (no había sino uno en pésimas condiciones), una cargadora frontal para recoger depósitos barriales y una barredora mecánica. Aspecto fundamental fue la educación de los usuarios bajo el lema Ciudad limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia”.

Por entonces el Alcalde presidía la Empres Eléctrica Cuenca que contaba con 225 kilowatios de la Central Hidroeléctrica Yanuncay, 500 de la termoeléctrica Tomebamba y 6.400 de Saimirín, en total 7.125 kilowatios. Entre noviembre y diciembre el estiaje reducía los caudales del río Machángara y venían los apagones, que fueron superados con la presa de El Labrado, que entró en servicio el 12 de abril de 1972. “Con el caudal de agua descrito se adquirieron dos máquinas para la primera fase del proyecto Saucay con capacidad de 8 mil kilowatios. En 1975 se adicionaron en la central de Monay tres generadores termoeléctricos de 2.375 cada uno y dos de 1.140 kilowatios, adquiridos con fondos propios de la empresa. “En síntesis, habiendo recibido la Empresa con 7.125 kilowatios, al término de mi gestión se generaban 27.530 adicionales. En siete años se cuadruplicó la capacidad del servicio”, apunta.

El documento incluye temas deportivos. “Al comenzar mi gestión la infraestructura deportiva estaba en cero. Se disponía del Estadio Municipal en condiciones muy precarias y del Coliseo del Colegio Benigno Malo cuya utilización era muy limitada. Se construyeron en el estadio las tribunas de hormigón armado debajo de las cuales se acondicionaron oficinas y, especialmente, los túneles de salida de los camerinos a la cancha”.

Se proyectaron locales deportivos en sitios estratégicos en cuanto a los terrenos: “me refiero a toda el área del Complejo Deportivo Totoracocha, del Otorongo y de Miraflores. Se inició la construcción del Coliseo Mayor y se preparaba la ciudad para ser sede de los Cuartos Juegos Nacionales”.

En acápite sobre actividades extramunicipales alude a la época política de entonces: “Durante toda mi administración el país vivió sucesivos gobiernos de facto. La mayor parte del tiempo los representantes de Gobierno no eran civiles ni había legisladores. Era misión del Municipio y su Alcalde asumir todas las funciones representativas ante el Gobierno y otras instancias del Estado”.

Y debió gestionar por la vialidad interprovincial, la rectificación y pavimentación de la vía Biblián-Tambo-Gun-Cochancay. En lo eléctrico, el empeño fue el Proyecto Paute, luchando contra la Ley de Electrificación e intereses que priorizaban los proyectos Pisayambo y Agoyán. “Concurrí a una sesión de gabinete presidida por el doctor Velasco Ibarra y conseguí un pronunciamiento gubernamental favorable a nuestra tesis. Logramos que se suscribiera el contrato de préstamo del BID y el gobierno convocó a licitación y se adjudicó la obra, iniciándose la construcción del Complejo Paute, de inmediato”.

La instalación en Cuenca del Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (CIDAP), fue fruto de intensa gestión ante el Ministerio de Educación y la OEA, disputando la sede que pretendía Guatemala y, una vez que se adjudicó al Ecuador, la pretendía Quito. “Lo conseguimos, nació el CIDAP, en sus primeros pasos con asesoramiento del técnico mexicano Rubín de la Borbolla”.

Los párrafos finales hablan de fútbol: “Había sido una vieja aspiración de los cuencanos participar en los Campeonatos Nacionales de Fútbol Profesional que se jugaba únicamente con equipos del Guayas, Pichincha, Manabí y Tungurahua. Un círculo cerrado bajo la sentencia de que cuando juega un equipo de provincia ni siquiera las lluvias llegan al Estadio”.

“En mi condición de Alcalde y moviendo resortes hasta gubernamentales, conseguí que la Federación Ecuatoriana de Fútbol sesionara en Congreso Extraordinario en nuestro Salón de la Ciudad. En la memorable sesión conseguimos el ingreso del Azuay y, por añadidura, de la provincia de Chimborazo, al ente nacional. Rápidamente organizamos la Asociación de Fútbol del Azuay y un equipo de fútbol competitivo. En 1971 participamos por primera vez en un campeonato nacional de fútbol profesional”. Quedaron para al recuerdo aquellos partidos con balones de trapo de los campeonatos escolares.

Los mandatarios del país, Alfredo Palacio y Alejandro Serrano, en el homenaje a Guayaquil en sus fiestas octubrinas, en 2006.

 

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