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La vida es un tango; y hay que saberlo bailar.

Dicho Popular

Puto o ladrón, queremos a Perón.

Grafito, en un suburbio de Buenos Aires; finales del siglo XX.

El Cordobazo – de finales de los Sesenta – es un hito clave: señala el aceleramiento de la declinación. Todo se empieza a deteriorar muy rápido: la política, la educación, el civismo; la vialidad; se salvan, milagrosamente, las artes, el deporte…  Y, así, hemos llegado a estos tristes días de La Grieta, la nueva amenaza K, y la posibilidad de un gobierno militar o militarista.

Metete tus big data en el orto. – Le espetó Lilita Carrió a Jaime Durán Barba. (Big data: en inglés, macrodatos o universo de opiniones y tendencias. Orto: en la Argentina, trasero.) Domingo 11 de Agosto, por la noche; el   ”bunker” de CAMBIEMOS – la alianza política oficialista – en un hotel de Buenos Aires. Se respiraba una atmósfera de catástrofe. El Presidente Macri – sentado en una silla – tenía la mirada perdida. La gobernadora de la provincia – María Eugenia Vidal – lloraba, abrazada a sus dos hijas. El jefe de gabinete – Marcos Peña – tenía la cabeza reclinada sobre una mesa… ¿Qué había ocurrido?  Pues, que llegaron los resultados de las PASO (Elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias.)  ¿Y cuáles eran estos?  El principal: El peronismo kirchnerista ganaba la consulta – en realidad, no era una elección – con más de dieciseis puntos porcentuales. Una diferencia prácticamente irrevertible…) Todas las encuestas – salvo, quizás, una, casi ignorada – habían fallado. Los colaboradores de Durán Barba sostenían que las técnicas de medición eran correctas; falló la interpretación. El maestro consideró que la gran diferencia no podía darse, era irrealista… Hizo, entonces, un promedio con datos anteriores. El palabreo justificatorio no le importaba a nadie. A Lilita, -- muy   golpeada y molesta -- le indignó…      

      Pero, ¿qué significaba lo anterior?  Pues, que aparecía una realidad sorpresiva… En pocas palabras:  Macri fue malamente derrotado; y estaba casi liquidado. ¿Y por qué ocurrió semejante cosa; a causa de qué?  En forma directa, porque, en tres años y medio de administración, el Presidente no había hecho lo necesario, lo que debió hacer. Omisiones graves, poca visión, flojera… Su política no tuvo objetivos precisos. Falló – claro – la estrategia. Y, hasta, las tácticas; la comunicación, por ejemplo… Algo muy importante: No se denunció, ni juzgó, ni castigó, a los principales pillos y corruptos. (Se dice aquí que – si no se lo hace, -- estos, más pronto que tarde, eliminan a sus descuidados competidores… Macri pensó, al principio, que había que tapar las vergüenzas; para no asustar a los presuntos inversores. Una enorme ingenuidad. Los empresarios extranjeros conocen bien el país; y suelen tener un asesoramiento muy competente. No vinieron…) La economía empeoró. En poco más de un año, el dólar pasó de los 18 a los 60 pesos. En un país que ahorra en dólares, – y calcula en dólares: traslada a ellos sus costos y precios importantes -- la moneda estadounidense tiene un grandísimo poder. La metáfora: El dólar es el termómetro de las crisis… Y éstas impactan fuerte en el sentir de mucha gente. Lo actual: Sucedió con Macri; luego, Macri lo hizo. Tiene la culpa. ¡Mostrémosle nuestra bronca!  Castiguémosle. El pueblo es olvidadizo, examina poco, es momentista.  Así procede un poco más de un tercio de la población. Sin embargo, -- lo anota bien Mario Vargas Llosa – Macri ha hecho el gobierno más democrático, más honrado y más competente, que ha tenido la Argentina en varias décadas…  No importa, no bastó… El otro tercio se sobrecoge: el miedo a los K, el populismo de izquierda; el temor a tomar el camino de Venezuela… Un veinte por ciento no entiende la política o es indiferente. Ese es el panorama, a rasgos gruesos.

        ¿Y las causas?  Nestor Sampirisi mira lo estructural, lo necesario, lo básico.  (Lo contrario de lo coyuntural, lo accesorio, lo prescindible.) Y diagnostica con ello. Se ha desvencijado – concluye -- el armazón “físico” de la sociedad; cedieron las piezas que deben estar bien fijas, bien articuladas… (El auto viejo que, al marchar, chirria y se bambolea.)  ¿Metáfora forzada?  ¿Será?   Puede ser…  Pero, quizás, -- él también lo reconoce – sea mejor usar, para el asunto, un término más amplio y distinto: cultural. (Aunque, por cierto, de esta manera, rebasaremos, pronto, lo estrictamente antropológico; y entraremos, un tanto considerable, en la sicología social.)  Bueno, ¿pero de qué estamos hablando?  Somos, los argentinos – responde – unos capitalistas vergonzantes. Nos gusta viajar por el mundo; comprar en los centros comerciales de las grandes ciudades y los balnearios famosos; lucir las primeras marcas y las de moda… Pero, al mismo tiempo, aquí, capitalismo es una fea y mala palabra; un término casi tenebroso. Muchos políticos, intelectuales y creyentes detestan, y desprecian, ese sistema. Le temen… Y le acusan, además, de casi todos los males. Vivimos, pues, en el campo del facilismo ideológico y de la religiosidad política. Y, desde tal lugar, columbramos el “infierno” de los negocios y las ganancias; cuando no aquel, peor, de la codicia y la explotación… En definitiva, así, no vemos la realidad; la imaginamos, la inventamos… La verdad no está en ella; está en el “relato”. Y confundimos el avance con el retroceso, con la involución. ¿Quiere usted un supremo ejemplo de lo dicho?  Ahí está el Santo Padre, que vive en Roma; un argentino, un peronista; alguien tan nuestro como Maradona, como Piazzola, como Borges… 

     Al respecto, habría que pensar mejor, e interrogarse bien. Hagámoslo. ¿Cuál es el sistema que, en el mundo, ha dado bienestar al mayor número de personas; ha creado las grandes clases medias? Pues, el capitalismo… (Recuerden: ¡Hasta la China comunista practica una economía capitalista!)  ¿No ha sido el mismo “nefando” capitalismo – al juntar los valores de la libertad y la igualdad – el que creó las prósperas socialdemocracias occidentales?  Claro y cierto.  Y, al revés, ¿cuál ha sido el sistema que empobreció, e hizo retroceder, a todos los países que tocó?  El Socialismo, desde luego.  Ahí está – remacha Vargas Llosa – esa Cuba sonámbula, resignada a su suerte, y colocada al margen de la historia. Ahí está la desgraciada Venezuela; que implosionó, tan estruendosamente, con el Chavismo. El récor mundial de la autodestrucción… Y, desde luego, esa Argentina: el único país latinoamericano que llegó al Primer Mundo. Y que, en su imparable decadencia, ha bajado al Tercero. La grande, impresionante, destrucción del Populismo… Artículo del autor peruano: SÍ LLORO POR TÍ, ARGENTINA; das pena… Estamos, entonces, en definitiva, ante la solapada, y cruda, hipocresía de los individuos y los grupos; ante el comportamiento paradojal o, hasta, esquizoide, de mucha, muchísima gente. Parafraseando a Borges: estamos ante la Argentina que – más que buena o mala -- es incorregible.

      Para terminar, volvamos otra vez la mirada a la decadencia. Los años Treinta – con la pugna de los caudillos militares y civiles – detienen, en seco, el éxito nacional. La década del Cuarenta trae el Peronismo; superficial, charlatán, irresponsable, demagógico… (Donde hay una necesidad, hay un derecho. Eva Perón. El vulgar culto a la personalidad: Perón, Perón, ¡qué grande sos!...)  Este mismo – en los Cincuenta – empieza a erosionar a la que había sido una muy próspera economía;  ”reparte”  el tesoro acumulado y, aun, “las joyas de la abuela”. El Cordobazo – de finales de los Sesenta – es un hito clave: señala el aceleramiento de la declinación. Todo se empieza a deteriorar muy rápido: la política, la educación, el civismo; la vialidad; se salvan, milagrosamente, las artes, el deporte…  Y, así, hemos llegado a estos tristes días de La Grieta, la nueva amenaza K, y la posibilidad de un gobierno militar o militarista.  (Éste, como último recurso, ante el desfinanciamiento y el caos.  ¿Un país que se suicida?  QUE DIOS Y SAN MARTÍN NOS AYUDEN. Artículo de Alfredo Leuco.) Pero – al contrario del dicho popular – Dios no es argentino, ni despacha en Buenos Aires. Y, con bastante frecuencia, es chico… Y El Libertador se fue para no volver, para siempre; y sólo nos dejó su luminoso ejemplo. Y su mandato esencial: La Patria, en unión y libertad. Que nadie, hoy, aparentemente, quiere obedecer.  En fin… Triste pasado, desolador presente, incierto futuro.  Y aquí estamos, todos juntos, Señor, aquí estamos; jodidos y jodiéndonos.

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