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Por: Rolando Tello Espinoza

El embalse formado por la presa Daniel Palacios comenzó a llenarse en febrero de 1983 con el río Paute, y demoró dos meses hasta alcanzar la cota máxima y formar un lago de 120 millones de metros cúbicos de agua.

El río Paute es un regalo milenario de la naturaleza por su potencialidad energética al servicio de los ecuatorianos de hoy y del futuro. La operación del proyecto hidroeléctrico marcó el inicio de una etapa de modernización en todos los órdenes del desarrollo nacional. Un tema que vale evocarlo.

   Por primera vez se entonó el Himno del Ecuador en las profundidades de una caverna excavada 300 metros bajo una montaña, en un espacio como para dar cabida a la catedral de Cuenca. La solidez de las paredes y el techo en roca viva y a la vista sigue hoy, intacta, como entonces.El 20 de mayo de 1983 empezó a operar oficialmente la primera turbina de generación hidroeléctrica del llamado Proyecto Paute. El Presidente Osvaldo Hurtado Larrea declaró inaugurada la central de generación entonces más grande del país.

  La primera turbina de las fases A y B generó 100 mil kilowatios y en los meses siguientes ingresarían las otras cuatro, de igual potencia cada una, operando hasta hoy. Así nació una nueva historia de la electrificación nacional, para disminuir la costosa generación térmica mediante combustibles, con la fuerza generosa, limpia y renovable del río Paute: le generación térmica bajó del 64% al 32%.

   Para entonces corrieron 21 años desde que Daniel Palacios Izquierdo, en 1962, descubriera el potencial energético del río en la Cola de San Pablo, 125 kilómetros al oriente de Cuenca, donde en una curva de 13 kilómetros el río desciende mil metros y enderezado por túneles, precipitaría el agua para girar las turbinas de la casa de máquinas. Y eso fue lo que, en resumen, se hizo. 

El 12 de marzo de 1976 el ministro de Recursos Naturales, Coronel René Vargas Pazzos, del Triunvirato Militar, firma el primer contrato del Proyecto Paute.

 Pero no fue simple. La iniciativa de Daniel Palacios fue estudiada por técnicos nacionales y extranjeros, llegando a concluir que lo que se podía lograr era mucho más de lo que él había imaginado: la construcción de una cadena de centrales eléctricas aguas abajo, en tres etapas adicionales –Mazar, Sopladora y Cardenillo- de las cuales sólo la última aún no se ha construido.

   El primer contrato se suscribió el 12 de marzo de 1976 –en el triunvirato militar presidido por el contralmirante Alfredo Poveda- en el Salón de la Ciudad de Cuenca. Era Ministro de Recursos Naturales el coronel René Vargas Pazos. Fue una ceremonia histórica, culminación de largos debates con los que intereses de otras regiones del país pretendieron impedir la obra.   Pero lo que se conmemora son los 35 años de la operación de la Central Molino, obra inicial, la más difícil, imponente y hasta majestuosa, verdadero desafío de la técnica para poner al servicio del hombre un regalo milenario de la naturaleza, el río Paute.

   La constructora española Entrecanales y Tábora  se hizo cargo de las obras subterráneas, casa de máquinas y los campamentos de Arenales, Amaluza y Guarumales, donde en tiempos de mayor intensidad en el trabajo se alojarían hasta cuatro mil obreros. Pequeñas ciudades, provistas de todo servicio, rápidamente surgieron en parajes hasta entonces selváticos, a los que por primera vez llegarían los vehículos motorizados y maquinarias de alta tecnología para ejecutar las obras.

El 20 de mayo de 1983, el Presidente Osvaldo Hurtado declara inauguradas las fases A y B del Proyecto Paute.

 La firma italiana Impresit Girola Lodigiani (IMPREGILO) contrató la obra de la presa de Amaluza –luego llamada Daniel Palacios Izquierdo- de 170 metros de alto por 420 de coronación, con espesor de 76 metros en la base y 6,5 metros en lo más alto. El gigantesco muro enrocado recubierto con el equivalente a ocho millones de sacos de cemento y miles de toneladas de hierro, formaría un lago de 10 kilómetros, con 120 millones de metros cúbicos de agua. 

   La Sociedad Italiana de Construcciones (SICOM) asumió el transporte e instalación de los equipos electromecánicos, mientras la Constructora Ecuatoriana de Pavimentos (CEPA) se encargó de colocar la base y realizar el mantenimiento de la vialidad.

   En el complejo sistema de carreteras, túneles, campamentos y oficinas, durante siete años laboraron de día y noche, miles de obreros nacionales y técnicos nacionales y extranjeros, venciendo los rigores de veranos y de inviernos y las inclemencias de la naturaleza, hasta terminar la obra.

El proceso de la casa de máquinas en construcción: La excavación de los espacios para las turbinas, las instalaciones y, las máquinas en operación.

   Para levantar la presa se desvió el río por un túnel de 480 metros, por siete de alto y 12 de ancho, a través de una montaña de roca viva. Por primera vez se vio en el Ecuador las máquinas más sofisticadas para este tipo de obras, como los jumbos para perforar las entrañas de la tierra. El túnel de carga para conducir el río hasta la casa de máquinas, tiene 6.2 kilómetros de largo por seis de diámetro. Por el último tramo, de 800 metros, inclinado, se precipitan cien metros cúbicos de agua por segundo, que se distribuyen a las cinco turbinas que rotan vertiginosamente con su impulso.

Secuencia fotográfica que muestra el encañonado que alojará la presa. El sitio secado con el desvío del río para la base de la presa. Y, la estructura de la presa levantándose durante su construcción. En la página del frente la presa de 170 metros de alto y 420 metros de coronación, concluida.

   El transporte del cemento desde Guayaquil hasta la zona del proyecto fue un operativo coordinado con minuciosidad. En el tiempo de mayor requerimiento, cada 30 minutos salía de Guayaquil un camión cargado con 30 toneladas del material, durante las 24 horas, para llegar a sitios de relevo de los cabezales y de conductores: un trabajo de gigantescas hormigas. El 11 de junio de 1982 se colocaron las últimas diez toneladas de cemento para terminar la presa.

   El 4 de febrero de 1983, el Presidente Osvaldo Hurtado asistió al cierre de las compuertas del túnel por el que se desvió el río hasta levantar la presa. Ese día comenzó a llenarse el embalse, inundando las tierras expropiadas con indemnizaciones, para formar el lago artificial entonces más grande del Ecuador. Dos meses de tiempo invernal fueron necesarios para que el espejo de aguas alcanzara la cota más alta de la presa.

   Las fases A y B del Proyecto Paute costaron cerca de 18 mil millones de sucres. El 40% financiaron créditos extranjeros del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Fiduciario de Italia, Eximbank del Japón, la empresa Impregilo de Italia, Kreditanstalt, de Alemania, y la Unión de Bancos Europeos. El 60% provino del Fondo Nacional de Electrificación que recibía regalías por la venta petrolera.

   La obra inicial del Proyecto Paute es la más importante en el ámbito de la ingeniería hasta entonces realizada en el Ecuador –comparable al Ferrocarril de Eloy Alfaro en la vialidad-, así como la más costosa: la Refinería de Esmeraldas, por entonces considerada la obra más cara en la historia del país, por tres mil millones de sucres, tendría un valor similar al de la presa Daniel Palacios, que apenas es parte del complejo hidroeléctrico cuyo coste total llegaría a los 18 mil millones de sucres.

   Cuando en 1979 el país retornó al orden constitucional, las fases A y B del complejo hidroeléctrico habían avanzado el 40%. Acaso lo rescatable de las dictaduras militares que antecedieron, es la decisión de emprender esta obra pese a la oposición de sectores interesados en mantener el negocio de los combustibles en la generación eléctrica, que no solo era un agravante económico, sino también ecológico.

   La fase C, de la ampliación de la casa de máquinas con cinco turbinas adicionales, para generar 575 kilowatios, se inauguró en 1991. Fue una obra discutible en el cronograma del complejo integral, pues si con cinco turbinas hubo sequías que afectaron la producción eléctrica, la situación se volvió más grave con el doble de máquinas en operación. Lo que debió hacerse antes era la presa de Mazar –inaugurada en 2009-, pues su embalse de 400 millones de metros cúbicos de agua eliminó el peligro de los apagones y  racionamientos.

   Además, el sedimento acumulado en el embalse de Amaluza obligó a un costoso sistema de dragado que empezó en 1990: el reservorio preveía en sus diseños hasta 20 millones de metros cúbicos en el embalse, en 50 años de vida útil del proyecto. Pero al no hacerse Mazar se aceleró la acumulación del sedimento.

En las entrañas de la montaña, hombres y máquinas construyen la caverna para la casa de máquinas de la Central Molino

La presa de Mazar cumple fundamentalmente el objetivo de mantener caudales suficientes para el proyecto integral, además de generar 180 megawatios. Sopladora, que opera desde 2016, produce 400 megawatios y el proyecto Cardenillo, que producirá 327 megawatios, está aún en fases previas a la licitación.

   El 20 de mayo fueron 35 años de servicio de la central Molino, inaugural de una nueva visión eléctrica en el Ecuador, con prioridad a la generación hidroeléctrica y el descarte gradual de la térmica. La fecha ha sido inadvertida en las esferas oficiales, como inadvertida ha pasado la memoria de Daniel Palacios Izquierdo, visionario que descubrió la potencialidad energética del río Paute, en la Cola de San Pablo, 66 años atrás. Él murió en un accidente de tránsito en la zona del proyecto, a poco de su descubrimiento. 

   Pero hay un detalle que vale rescatarlo del olvido: alrededor de sesenta trabajadores murieron en accidentes en la construcción de las fases A y B, en el desafío del hombre y la técnica a las fuerzas de la naturaleza. Una placa con sus nombres hay en la entrada a la Casa de Máquinas. También vale recordar que el 19 de mayo de 1983 los trabajadores hicieron un acto inaugural en víspera del acto con el que las autoridades de gobierno pusieron oficialmente en servicio el complejo hidroeléctrico. Algo de orgullo, capricho y protesta, tenía la histórica ceremonia obrera de la que nadie hoy se acuerda. Cuando se pronunciaban los discursos inaugurales, el ruido de la turbina en operación resonaba ya desde la víspera en la Casa de Máquinas.

Daniel Palacios Izquierdo, al centro, con casaca, acompañado de técnicos japoneses que asesoraron para ejecutar la obra.

 

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