Podríamos restablecer la histórica Provincia de Cañar: Cuenca y Azogues -- dos capitales provinciales -- son hoy día una misma ciudad; parte de la Gran Cuenca, una de las conurbaciones ecuatorianas de aparición más o menos reciente
Un buen número de cuencanos sabe ya que su ciudad ha constituido, en el último medio siglo, una de las conurbaciones medianas de América Latina. Y también, por lo menos, entrevé las consecuencias que semejante hecho tiene y puede tener. (Ventajas: modernización, prosperidad, cierto grado de mejoramiento y satisfacción social. Desventajas: disminución de las escasas tierras agrícolas, crecimiento desordenado, problemas de transporte interno, contaminación…) Y advierte, igualmente, de algún modo, el significado del rápido cambio: El paso de una urbe aislada y tradicional a otra ya bastante bien comunicada y con un creciente dinamismo. Y, aquí, cambiemos un poco el enfoque. Por todo aquello, hay en el medio social -- y sobre todo en la clase dirigente -- una mayor preocupación por el futuro. (Siempre la hubo, en una medida bastante significativa. Y eso explica varios logros reconocidos en el país…) Pero, en cambio, los azuayos no han logrado, hasta el mismo día de hoy, fijarse unas buenas estrategias regionales y nacionales. Es decir, no han logrado ponerse unos objetivos políticos grandes y precisos; y emprender las acciones necesarias para conseguirlos. ¿Cuáles son estos objetivos? He aquí los dos principales: planificación del sur del país y descentralización nacional. (Aun mejor: federalización de un país, que siempre ha sido viciosamente unitario, en lo administrativo; y efectivamente bicéfalo, en lo urbano y la distribución del poder.)
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Bueno, nosotros, acá en el Austro, podríamos ir en una dirección distinta y mucho más adecuada que la anterior: Podríamos restablecer la histórica Provincia de Cañar. Razones: (1) Cuenca y Azogues -- dos capitales provinciales -- son hoy día una misma ciudad; parte de la Gran Cuenca, una de las conurbaciones ecuatorianas de aparición más o menos reciente. (2) La nueva provincia podría tener una administración y una planificación más eficaces. (3) La nueva provincia podría tener más peso e influencia en el conjunto administrativo nacional. (Reduciendo, al menos en algo, la preeminencia de Pichincha, Guayas y, hasta, de Manabí…) ¿Y cómo hacer esto? Para decirlo en forma rápida, deberemos, otra vez, numerar los puntos. (1) La nueva provincia se llamaría Provincia del Cañar; nuestra tradicional denominación histórica, por el grupo humano y cultural de los cañares o cañaris. (2) Habría que establecer una nueva capital: una pequeña ciudad administrativa, bien planeada y sin industria. Quizás, -- para facilitar la negociación -- tendría que estar en algún lugar de la actual provincia del mismo nombre. (Cuenca y Azogues, pues, dejarían de ser capitales provinciales, Y, de este modo, se limitaría, parcialmente al menos, el crecimiento de la Gran Cuenca. Y no se reproduciría, en escala menor, el dicho centralismo nacional.) (3) Se debería regular el futuro crecimiento urbano de la provincia. Esto se podría lograr armando, en el territorio, una red de nuevas ciudades: pequeñas, bien espaciadas, bien interconectadas y bien integradas con su medio natural. (Talvez, sobre todo, al pie de la Cordillera Oriental; para poner una cierta distancia con la Gran Cuenca, situada al Occidente de la hoya) (4) Con un adecuado sistema de transporte, se mejoraría, muchísimo, la producción económica y la circulación local y cercana.