por: Hernán Coello García*
La historia del progreso de la humanidad puede resumirse en la historia de los errores; pero de los errores reconocidos y corregidos con la oportunidad debida
Quienes, al leer el título de esta opinión, se hayan ilustrado con los razonamientos de José Ortega y Gasset, habrán recordado, seguramente, La Rebelión de las Masas del ilustre español a quien citamos y, entonces también la enseñanza que de los errores puede obtener quien los comete -o para decirlo como corresponde, quienes los cometemos a diario. “El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus errores, la larga experiencia vital decantada gota a gota en milenios”, sostiene Ortega.
El tigre de hoy -argumenta- es idéntico al de hace seis mil años, porque cada tigre tiene que comenzar de nuevo a ser tigre, como si no hubiese habido antes ninguno. El hombre, en cambio, merced a su poder de recordación, acumula su propio pasado, lo posee y lo aprovecha. El hombre no es nunca un primer hombre; comienza desde luego a existir en cierta altitud de pretérito amontonado. “Querer romper con el pasado, querer comenzar de nuevo, es aspirara descender y plagiar al orangután”, porque por algo el hombre, como decía Nietzsche, es el ser de “la más larga memoria”.
Este ser “de la más larga memoria” muchas veces no utiliza este tan importante atributo que le define, no se vale de ella, especialmente cuando no le conviene hacerlo si no cuadra a sus intereses. De acuerdo con una antigua costumbre de Inglaterra, se solía poner, en las listas de los vecinos, al lado de su nombre, el oficio y el rango de cada persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses, aparecía la abreviatura s.nob esto es, persona sin nobleza; persona que cree solo tener derechos y no cree tener obligaciones: un hombre sin la nobleza que obliga, un nombre snob.
La historia del progreso de la humanidad puede resumirse en la historia de los errores; pero de los errores reconocidos como tales y corregidos con la oportunidad debida. Quien no quiere reconocer los errores que como seres humanos estamos permanentemente inducidos a cometer, simplemente plagia a los orangutanes, y carece, además, de la nobleza que obliga.
Estamos próximos a asistir a un evento público en el que -para muchos que así opinan- el país debe comenzar desde cero. Es decir, debemos borrar toda huella del pasado y emprender el primer camino, sin reconocer que ya hay uno desbrozado aunque con varios senderos equivocados y muchas veces mal trazados.
¿No será más acertado que, usando de nuestra memoria, como personas no snob, sino como entes dotados de memoria y de la nobleza que obliga, tratemos de hacer una especie de catálogo de los graves errores que hemos cometido en la vida republicana, los reconozcamos como evidentes y los enmendemos quizás para siempre, en bien de la sociedad toda?
Invocamos, para lograr esta aspiración, que se recurra a lo que se ha convenido en denominar “voluntad política, a fin de que, quienes nos vayan a representar en la asamblea que funcionará después de poco tiempo, recuerden los errores cometidos a través de la historia del Ecuador como República -errores que son tantos- los reconozcan en lo que a cada uno corresponde y se decidan firmemente a no volver sobre ellos.
* Hernán Coello García fue articulista de AVANCE varios años, en los 2000, hasta morir en 2009. Maestro universitario, jurisconsulto de sobresalientes méritos y hombre de intensas lecturas, escribió con profundidad filosófica y literaria. Es oportuno reproducir su texto de junio de 2007, cuando Ecuador, como ahora, caminaba a un proceso electoral y cuando líderes políticos que cometieron errores, deberían reconocerlos y enmendarlos