El tema de la autonomía universitaria se usa según los ajetreos políticos: el resguardo militar a la vicepresidenta que visitó la Universidad de Cuenca lo impugnaron quienes antes le habían acogido al presidente Correa en el recinto. La segunda mandataria no debió acudir a la universidad sino a la Gobernación, sede del ejecutivo 

El 18 de noviembre de 2008 el presidente Rafael Correa dio su sabatina en el Aula Magna de la Universidad de Cuenca, a donde ingresó rodeado por cientos de militares y policías. En esa fecha el plantel cumplía 141 años de creación y el acto constituía el homenaje que le hacía el gobierno de Alianza Pais. Jaime Astudillo Romero ejercía el rectorado. 

   El 29 de abril de 2026 la vice presidenta María José Pinto visitó la sede universitaria y fue rechazada por grupos de profesores y alumnos, aduciendo que la presencia de gente armada que la protegía violaba la autonomía universitaria. Las dos citas, entre casi dos décadas, tienen la marca del escenario político en el que se dieron. Correa gozaba la luna de miel de su gobierno, a pocos días de que la Asamblea Constituyente aprobara la Constitución de Montecristi, el 28 de septiembre: su propuesta tuvo el 64% de votos por el Sí y el 28% por el No. En Azuay el 78% de votos fue la cifra más alta de aprobación entre las provincias del Ecuador.

La fuerza pública incursionó libremente en los predios universitarios en 2008, para custodiar la presencia del presidente Correa, durante su sabatina en el recinto.

   Las ventajas de Correa en 2008 -a menos de dos años en la presidencia- le dieron el lujo de entrar a la Universidad con guarniciones armadas por convencional protocolo. Desde que en 1970 el presidente Velasco Ibarra clausuró la Universidad de Cuenca y tomó preso al rector Gerardo Cordero, por primera vez los predios universitarios fueron “hollados” por botas represivas. 

   En 2008 no hubo protestas, pero en 2026 fue escándalo, pues la reacción adversa a la vice presidenta Pinto adujo la inviolabilidad de los recintos universitarios, como prescribe la Constitución de la República, vigente entonces y hoy. Algunos docentes que en 2008 aplaudieron a Correa y la fuerza pública en los predios, ahora rechazaron con virulencia a la segunda mandataria. Aún más, en aquella sabatina de Correa la vicepresidenta de la FEUE estuvo entre las personas escogidas para hacer preguntas al mandatario. 

   En el Aula Magna Correa dio un tirón de orejas a las universidades -no es el caso de Cuenca, aclaró- cuyos rectores se quejan de los bajos presupuestos, pero tienen sueldos de 12 mil dólares. También amonestó a los jóvenes que creen que ser de izquierda es cerrar las vías, apedrear edificios o cruzar buses en las calles para caotizar el tránsito. Fue aplaudido, pero años después su coideario Ricardo Patiño fugó del país cuando otro gobierno lo enjuició por invitar al pueblo a hacer lo que Correa prohibía en su mandato. La sabatina en la icónica Aula Magna se trasmitió al país en cadena de radio y televisión: en los jardines del campus instalaron grandes antenas los canales de TV para la transmisión.

   La aprobación de la Constitución de 2008 fue triunfo de Correa sobre los partidos opositores y sobre la Conferencia Episcopal que impugnó al texto acusándolo de abortista y de promocionar la homosexualidad. La nueva Constitución -hoy considerada causa de males políticos, sociales y morales- marcó una fortaleza para el correísmo, pero hoy se plantea la necesidad de reformarla.

La vicepresidenta María José Pinto acudió en abril pasado a la Universidad de Cuenca, protegida por la fuerza pública, pero fué rechazada su presencia.

   La visita de la vicepresidenta Pinto a la Universidad con resguardo militar y policial fue inoportuna, cuando la imagen del gobierno tenía malos días. Las circunstancias de la realidad política diferían de las que le abrieron paso a Correa en 2008. La segunda mandataria fue a la boca del lobo, pues hasta pocos meses antes la rectora era adherente al correísmo y aún quedan docentes y alumnos de esa tendencia que no desaprovecharon la ocasión para sacar ventaja del momento. Hubo imprevisión e ingenuidad. El gobierno tiene su sede provincial en la Gobernación. Si el acto protocolario hubiese sido en ella, no se habría regalado, en bandeja, sin ton ni son, a la oposición, el provecho gratuito de tal desacierto. Se conoció que el gobernador ignoraba del programa de la vice presidenta, que de haberse hecho en su sede habría sido conveniente a la autoridad representante del presidente de la República. ¿Novatada, o prueba de que el centralismo aún se impone en una provincia relegada en temas de atención pública y de la realidad local?  ¿Qué hacen los “asesores” de las autoridades?

  Comunicados tibios de la universidad ante los hechos consumados, dijeron que la visita vicepresidencial, planeada con asistencia de la fuerza pública, no violó la invulnerabilidad universitaria ni su autonomía. Pero el rector Rodrigo Mendieta presidió un Consejo Universitario que el 5 de mayo trató el caso, en cuyo orden del día constaba “el conocimiento y ratificación de la autorización de ingreso del contingente de seguridad de la vicepresidencia de la República”. El punto no fue aprobado y afectó a la autoridad universitaria que intentó corregir fuera de tiempo un error que marcó los meses iniciales de su gestión. 

 

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