Los olvidos de la historia
El 13 de diciembre de 1777, hace 248 años, el alférez de navío Antonio de Vallejo asumió como primer gobernador de Cuenca. Español, de 28 años, fue nominado por el rey Carlos III y llegó por los caminos de Naranjal, Molleturo y Sayausí, recibiendo banquetes, homenajes y fiestas en cada pueblo, con arcos de flores para la bienvenida. En mayo de 1771 había sido designado gobernador el capitán Francisco Antonio Fernández, pero falleció sin posesionarse del cargo.
Vallejo ejerció con mano dura, para implantar el orden y el respeto a la ley, así como para impulsar el adelanto de Cuenca con obras públicas indispensables como los caminos, la seguridad y la salubridad. El primer censo de la ciudad se hizo bajo su responsabilidad, determinándose que su jurisdicción –actuales Azuay, Cañar, partes de Chimborazo y El Oro- tenía 76 mil habitantes.
En diciembre de 1799 se le fue la mano al intentar la captura de Mariano Zavala, apodado Espadachín, autor de fechorías que alborotaban la paz pública y había fugado de la prisión. Al verlo en la calle lo persiguió y cuando pretendió refugiarse en el convento de la Asunción –actual calle Córdova- apuntó su pistola y lo mató al instante. Un proceso judicial condenatorio acabó con el perdón de la autoridad real y Vallejo volvió a la gobernación en varios períodos, hasta 1801.
En su administración decenas de supuestos criminales fueron ajusticiados en la picota de El Rollo. Es renombrado el caso de Melchor del Valle, condenado a muerte afrentosa en diciembre de 1783, por haberle asesinado a su hermano Silvestre. La sentencia decía: “Se ejecutará dándole primeramente doscientos azotes en la plaza pública de esta ciudad y después colgándole en la horca hasta que muera, y su cuerpo difunto será metido en zurrón de cuero con un perro, un gallo, una víbora y un mono, y cosido el zurrón será arrojado en el río Matadero, de donde nadie se atreva a extraerlo, so pena de doscientos azotes, siendo plebeyo, o doscientos pesos de multa, siendo noble”.
El primer gobernador de Cuenca, actual Azuay, murió en 1803. Luego de él más de doscientos ciudadanos ejercieron el cargo en tiempos coloniales y republicanos, hasta el actual, Xavier Bermúdez. Es interesante recordar episodios de la historia azuaya olvidados con el tiempo y que ameritarían ser conocidos, al menos, por quienes ejercen funciones públicas.
El primero y el último: El alférez Antonio de Vallejo, primer gobernador de Cuenca (1777) y Xavier Bermúdez, hoy en funciones.



