
Es habitual encontrar boticas en locales seguidos, separados por sus nombres. Hay también otras frente a frente, en la misma calle.
Las boticas han desplazado a las panaderías: tanto proliferan que hasta ocupan espacios vecinos. ¿Está muy enferma la gente, los médicos recetan pródigamente a manos llenas o las campañas de autodiagnóstico por la TV y las redes inducen a un desmedido consumo de remedios?
Algo pasa desde la cercana mortandad universal por el COVID, cuyos gérmenes parece no han desaparecido, pues nuevos brotes gripales de sospechoso origen recalientan las temperaturas o resfrían los pulmones humanos por la Tierra. Los hospitales del ministerio de Salud y de la Seguridad Social no alcanzan y están desabastecidos de medicinas, pero su gorda burocracia agota los presupuestos. Los enfermos van a la salud privada si tienen dinero o mueren si no lo tienen.
En el Ecuador la salud pública está en emergencia hace mucho y la mala atención, por su rutina, asoma como una normalidad, tras pasajeros escándalos por los medios. Mientras tanto, clínicas y hospitales privados ganan terreno gracias a los sacrificio sobrehumanos por sobrevivir, la imposibilidad de cupos en los centros estatales o las fallas en su funcionamiento.
En junio pasado una joven de 16 años que sufrió un accidente fue intervenida quirúrgicamente en la pierna izquierda, pero luego de la operación los médicos advirtieron que debió ser operada en la pierna derecha. La mala práctica se registró como un “evento adverso” para la investigación, y sus resultados no son conocidos. La víctima al otro día fue operada en la pierna correcta para enmendar la equivocación.
En noviembre último un paciente del IESS en el hospital José Carrasco Arteaga, de Cuenca, de iniciales V.A.C.F. con un hematoma traumático por una toracocéntesis, para extraer líquido o aire del espacio pleural, recibió el procedimiento invasivo de otro paciente, con iniciales V.M.A.U. , por un cuadro de gastroenteritis infecciosa. El gerente de la casa de salud denunció el caso a la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada (ACCES), para que investigue una “presunta” (¿presunta?) omisión de protocolos asistenciales, trámite que acaso acabó desvanecido.
Estos casos pasaron en Cuenca, una de las ciudades mayores del Ecuador. Lo que ocurre en zonas periféricas linda en lo inhumano. El 29 de noviembre una campesina de Taisha, provincia de Morona Santiago, fue al hospital de Macas a averiguar de su hija de tres años internada con fiebres por la picadura de un alacrán. Lo que recibió fue el cadáver de la menor en un cartón sellado con adhesivos. La foto de la madre desconsolada junto a la caja con su niña dentro estremeció a quienes la miraron y fue difundida dentro y fuera del país con comentarios muy negativos sobre la gestión de la salud pública ecuatoriana.
La explicación oficial fue que el hospital no disponía del remedio, pese a que en la ruralidad amazónica las picaduras de insectos ponzoñosos o culebras son frecuentes y las boticas de la calle tienen el medicamento. No se le ocurrió a nadie buscarlo fuera o localizar a la madre para que lo trajera. A la deficiente gestión sanitaria se sumó el trato insensible e inhumano para la niña, y su madre, que debió buscar en donativo un ataúd para llevar el cadáver de la pequeña al cementerio de su pueblo.
Los grandes edificios hospitalarios, privados o públicos, salvo contadas excepciones, no solucionan las necesidades de la población. Tampoco la proliferación de boticas, compitiendo con lujosos locales elegantes. Es curioso que los fármacos lucen en recipientes o envolturas vistosas, que al parer suben el precio de los productos. Es deficiente la gestión de los organismos responsables de los controles –la Agencia ARCSA es uno de ellos-, con frecuentes hallazgos de medicinas no aptas para el consumo, pero sin identificar a los establecimientos donde ocurren las irregularidades, para protegerlos sin difundir las sanciones supuestamente aplicadas.
El 4 de abril de 2016 un operativo nominado Fármaco II, de la Unidad de Delitos Aduaneros y Tributarios, la fiscalía y la policía, allanó ocho boticas de Cuenca al conocer la venta de medicinas falsificadas. Era el caso del anticancerígeno Mabthera, que se lo vendía a 1 500 dólares cada ampolla, cuando el producto de la fabricante Rocha costaba alrededor del doble. La investigación probó que el producto no cumplía las fórmulas magistrales y los registros sanitarios eran alterados, también las etiquetas. Cinco personas fueron detenidas y el entonces gobernador del Azuay, Cristóbal Lloret, ponderó ante la prensa el éxito de desmantelar una red de personas dedicadas a la elaboración y comercialización ilícita del fármaco. Pasado el tiempo, la “exitosa” operación se fue diluyendo hasta ignorarse en qué terminó el noticiado operativo.
El 25 de julio de 2017, con el operativo Fármaco IV, se decomisó 18 toneladas de medicinas caducadas desde 2001, importadas de China, por una casa provista de equipos para ponerlas en envases nuevos y distribuirlas a nivel nacional. La fábrica clandestina estaba en San Miguel de Putuzhí, de la parroquia Sayausí, pero la sede de la empresa, llamada MEDIVEZA, con licencia para distribuir medicamentos, tenía un local de fachada próximo al coliseo Jefferson Pérez de Cuenca.
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| Una joven madre de Morona Santiago recibió el cadáver de su hijo embalado irrespetuosamente en una caja de cartón. Murió porque el hospital no tenía un medicamento antiofídico, que se lo encuentra en cualquier botica de la calle. |
Los falsos medicamentos y las máquinas pasaron a custodia en un cuartel militar, mientras seguía el proceso legal para sancionar a los responsables. Por años hubo trámites legales, sentencias condenatorias apeladas, hasta quedar en la incertidumbre la resolución del caso, el de mayor volumen en América Latina y uno de los atracos más grandes del mundo en el negocio ilícito de medicamentos. Se ignora si las 18 toneladas de medicinas fueron incineradas o volvieron al dueño para que dispusiera de ellas, como de la maquinaria con tecnología para el ilícito.
La salud de los ecuatorianos no está protegida y mucha gente diagnosticada con medicinas de por vida, duda si está cuidando su salud o un negocio con recetas a consumir por temor a efectos fatales si no lo hiciera. La profusión de boticas refleja la magnitud del negocio farmacéutico mundial, incluyendo la promoción y venta de productos de libre consumo con campañas seductoras por la televisión o las redes sociales. El deficiente control oficial facilita el negocio, con indicio de abuso, como esas pastas dentales en vistosos empaques que van a la basura, mientras el dentífrico ocupa la mitad del tubo plástico inflado para engañar a los consumidores. En fin… puntos suspensivos.
Las falencias en el servicio público de salud son de ayer y hoy. Anecdóticos casos registra este medio desde cuando fue semanario, antes de ser revista: a una dama amputaron una pierna cancerosa en el Hospital Regional, pero la extremidad apareció días después disputada por perros hambrientos en el basural de Chilcapamba. El tema causó escándalo y la explicación fue que el conserje en vez de llevar la pieza al incinerador, la puso en un basurero, y fue al botadero público. La solución fue que el conserje la recogiera para probar si era de la dama amputada, lo que resultó positivo y permitió convertir en cenizas la extremidad mutilada. (Noviembre 26 de 1978, Nro. 29, pág. 7)
Días después, en la sección Vida en Broma de 17 de diciembre de 1978, Nro. 32, página 9, a propósito de fallas en la atención médica, hay un curioso diálogo: “Doctorcito ¿qué van a hacer a mi hermano”, pregunta un campesino en el hospital. “La autopsia, hijito”, le responden. Y el campesino, aliviado, comenta: “Si el doctorcito no me hubiera dicho que le van a hacer la autopsia, yo diría que lo están matando…”
