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Cuenca ha tenido como un referente de su calidad de vida y urbanismo la transparencia de los ríos que la atraviesan haciendo de ella La Ciudad de los Ríos. El culto literario por los cauces paralelos a sus calles y avenidas es testimonio secular del respeto a este privilegio de la naturaleza. Por ello, es comprensible la voluntad unánime de autoridades, universidades, entidades autónomas, cámaras de la producción y organizaciones populares, de oponerse al despropósito de permitir la explotación minera en las fuentes del sistema hidrográfico que da orgullo y salud a los cuencanos.

Los intentos de hacer minería en Quimsacocha no son recientes, pero nunca han estado tan próximos a cumplirse. Por ello ríos de gente desborda las calles en defensa del agua. Para que atraviese cristalina por los paisajes urbanos, conexiones técnicamente instaladas llevan las aguas servidas a plantas de purificación y las vuelven salubres a sus cauces naturales.¿No es, justamente, un contrasentido, que a los esfuerzos de cuidar el agua respondan con venenos cancerígenos de la operación minera?

Ningún gobierno puede ignorar la postura unánime contra las minas en Quimsacocha, causa que ha unido a los habitantes de la ciudad sin miramientos políticos, ni intereses sectarios o económicos. La voz de los cuencanos es la voz de Dios. ¡Que se la respete! Y nadie aproveche este tema de solidaridad colectiva como pregón de próximas campañas políticas, pues son visibles ciertos indicios que pueden contaminar una causa de interés masivo, transparente como las aguas puras.