No debemos olvidar como sociedad el caso de los adolescentes y niño de las Malvinas, para que no vuelva a ocurrir; las Fuerzas Armadas y la Policía deben revisar su sistema de admisión, capacitar en los procedimientos al personal que actúa en esta crisis, y demostrar con acciones que quieren que casos como el recordado, que implicó flagrante violación de derechos, no volverán a ocurrir
La principal crisis que enfrentamos es la seguridad. Hoy, no es posible plantearnos un proyecto de vida, sin tener claro cómo podremos sortear la serie de encrucijadas que plantea el aumento de la violencia, que ha ocasionado superemos todas las cifras sobre la materialización de los delitos más graves. Las cifras son alarmantes y este escenario daña gravemente la economía, la inversión, el turismo, genera un clima de incertidumbre, incredulidad y miedo, que muchas veces paraliza y genera grave afectación a derechos básicos fundamentales.
Esta realidad debe ser vista en la integralidad, debemos analizar todas las causas, si partimos de información sesgada, permitirá tapar algo que luego nos explotará con peores consecuencias. La pobreza, desigualdad social y falta de oportunidades, provoca que las personas que se desenvuelven en estas circunstancias sean los primeros reclutados para servir al crimen organizado; la sociedad les margina, no les da opción, les niega la posibilidad de tener un empleo, de poder formarse; jóvenes profesionales no encuentran oportunidades laborales y muchos optan por irse al extranjero, quieren encontrar la posibilidad de trabajar en un entorno donde la seguridad les permite tranquilidad y alcanzar mínimos que ahora parecen irrealizables en nuestro país.
La institucionalidad no da buenas respuestas ni coordina acciones que permitan emprender proyectos comunes para alcanzar metas posibles, la corrupción sigue permeando todos los estamentos de la sociedad, la lucha contra la delincuencia se pone cuesta arriba; en este escenario, se debe realizar reformas que permitan tener otra visión en lo jurídico y nos posibilite encontrar soluciones frente a los hechos que arrasan cualquier previsión normativa que hayamos tenido.
Las propuestas se las debe plantear y estudiar contrastando con las garantías del debido proceso, reconocido en nuestra Constitución; lo contrario, constituiría un proceder que no va a solucionar lo importante, al momento de decidir, los jueces no se pueden apartar en primer lugar de lo que manda la Constitución, y si hay normas que vulneran derechos y se las ha dictado con apuro, sin un estudio sereno y reflexivo, abonaremos para que siga campeando la impunidad, y no proporcionaremos a la administración de justicia, herramientas que hagan eficaz la propuesta de corregir situaciones que impiden buenas investigaciones, que reconozca los tiempos necesarios en un proceso, distinguiendo las nuevas formas de criminalidad, se debe limitar en forma racional, que en delitos graves, las personas que han participado no puedan acceder a determinadas situaciones procesales que impiden sustanciar los procesos con la presencia eficaz de los que están involucrados.
Debemos tutelar el respeto a los derechos humanos, la transparencia y la rendición de cuentas de todas las instituciones, acompañados de una veeduría ciudadana que permita detectar los nudos críticos y saber quién le pone lo giratorio a la puerta de un proceso penal. No debemos olvidar como sociedad el caso de los adolescentes y niño de las Malvinas, para que eso no vuelva a ocurrir, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional deben revisar su sistema de admisión, capacitar en los procedimientos al personal que actúa en esta crisis, y demostrar con acciones que quieren que casos como el recordado, que implicó una flagrante violación de derechos, no volverá a ocurrir.
Toda propuesta de reforma debe tener como marco teórico y transversal, el respecto a la dignidad humana y los derechos fundamentales. Deben ser protagonistas los profesionales expertos que han demostrado una trayectoria ética en los diferentes campos que tienen que ver con la seguridad, la improvisación debe ser desterrada, la normativa que se promulgue, nos debe permitir ser justos y aplicar el derecho, como la mejor forma de convivencia.
Es oportuno para estos cambios urgentes seguir el refrán español que titula este artículo de opinión, hacerlo con calma y profunda reflexión, evitando errores que nos obliguen a hacerlo de nuevo, y lo peor, crear escenarios que traigan como consecuencia demandas ante Cortes Internacionales, o impunidad agravada, por cuanto lo que cambia, no guarda conformidad con lo importante, la Constitución.