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En el despacho de la Presidencia de la Corte Penal Nacional

La vocación por el Derecho irrumpió accidentalmente en la vida de Ximena Vintimilla Moscoso y se le pegó para siempre: ahora preside la Sala Penal de la Corte Nacional de Justicia 

y tiene en sus manos procesos de expectación nacional e internacional, como el del destituido Presidente Jamil Mahuad, para quien emitió orden internacional de prisión

Ximena Vintimilla Moscoso –44 años- es una de las nueve mujeres que integran la Corte Nacional de Justicia, por concurso de méritos y oposición y con opciones de impugnación de la ciudadanía. Desde el 26 de enero de 2012 es Presidenta de la Sala Penal. Está respaldada en 13 años de ejercicio profesional y responsabilidades judiciales, así como en constante capacitación y estudio del Derecho. Su fuerte es la mediación. No es afiliada a ningún partido político y confiesa que siempre se identificó de izquierda. Ejerció la docencia en las Universidades del Azuay y del Pacífico, en Cuenca, y  fue profesora de Inglés en secundaria. Ella accedió a conversar sobre su trayectoria y sus responsabilidades, para esta edición inicial de AVANCE en el año 2013.

 

Graduada de bachiller en el colegio católico Rosa de Jesús Cordero, fue a Estados Unidos por un segundo bachillerato, de donde retornó con el ánimo de estudiar Sociología: un voluntariado en la Curia de Cuenca bajo la dirección del arzobispo Alberto Luna le inquietó sobre temas relacionados con el Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación y la opción preferencial por los pobres.


Al finalizar los 80 del siglo pasado, el mundo dio un giro político por la caída del Muro de Berlín, la Perestroika y la Glasnost, una de cuyas consecuencias remotas fue la supresión de la carrera de Sociología en la Universidad de Cuenca. “Se creyó que ya no tenía sentido el marxismo”, comenta. Además, la onda neoliberal abolió el Fondo de Desarrollo Rural Marginal (FODERUMA), del Banco Central, donde ella trabajaba, por lo que le pasaron a un cargo en el departamento legal.

En su residencia en Cuenca, en un día de descanso

Eran tiempos de reflexión sobre el futuro y avizoró la carrera de Derecho como una opción algo forzada: “siempre asocié la abogacía con expedientes amarillentos, oficinas con olor y humo de cigarrillo y una imagen desagradable”, comenta, pero el abogado Marcelo Chico Cazorla le apoyó a que se arriesgara por esta carrera y el 14 de septiembre de 1998 acabó graduándose de Abogada de los Tribunales de Justicia del Ecuador, en la Universidad del Azuay (UDA).

Vendrían luego años de intensa práctica profesional, empezando por renunciar al Banco Central, el consultorio propio y la incursión en temas societarios, mercantiles, bancarios, que le llevaron a descubrir el arbitraje y la mediación como eficaces alternativas para resolver los conflictos a través del diálogo y la oralidad.


En 1996, tras capacitarse en mediación en la Corporación Latinoamericana para el Desarrollo, en Argentina, provista de herramientas para el adecuado manejo del lenguaje, las palabras y el énfasis del discurso, participó en la creación del primer centro de mediación y arbitraje de las Cámaras de la Producción de Cuenca. “La argumentación directa, no los escritos, a veces hechos por otros, debía primar en el tratamiento de los problemas legales. Era la oportunidad para encarar la profesión en forma diferente, echando al tacho aquello de que el papel aguanta todo”.

Por entonces se enroló en la Corporación Latinoamericana para el Desarrollo, fundación en la que compartió conocimientos y experiencias del Derecho con Valeria Merino y Gustavo Jalk, personajes que luego alcanzarían notoriedad política y profesional en el país.

Con el Niño Viajero de su devoción

Con el cúmulo de experiencias profesionales y estudio permanente –incluido un postgrado en Derecho Procesal en la Universidad Andina-, accedió a la Corte de Justicia del Azuay, que había creado el Centro de Mediación:: “El 75% de más de 1.700 conflictos se los resolvió por acuerdos, imponiendo el diálogo como una herramienta y una novedad que fue abriéndose camino y continúa su derrotero”, expresa.


La doctora Ximena proseguía su trayectoria profesional y judicial exitosa. En 2003 es nombrada Jueza Penal en Santa Isabel y “no me imaginé que esta experiencia marcaría el Derecho Penal como el principal motivo de mi carrera”, afirma.


En 2004 acompaña al esposo ,Oswaldo Páez – arquitecto, pintor, crítico de arte y literato (acaba de publicar la novela También te besaré en Lisboa)- que asiste a un curso de graduación en ese país europeo. Ella aprovecha para un postgrado sobre Migración y Derechos Humanos, en Barcelona, que le ha llevado a comprender el tema de la mediación desde una perspectiva integral, que involucra lo político, lo económico, lo jurídico, lo cultural, con la materia penal, para sentar juntos a la víctima y al victimario.


De 2005 a 2010, por concurso de méritos y oposición, es Fiscal con jurisdicción en Santa Isabel, Ponce Enríquez, Oña, Nabón y Girón, lo que “me permitió comprender y acercarme a la realidad de los cantones, encarar la muerte día a día en zonas rurales calientes del Azuay y conocer las diversidades de conformación de la provincia desde la periferia, para afianzar la decisión de asociar lo académico con el derecho Penal”.


En 2008, mediante comisión de servicios, asumió responsabilidades como asesora en la Asamblea Constituyente de Montecristi, y luego en la Cancillería, con Fander Falconí: “La Asamblea de Montecristi fue determinante para entender el nuevo Derecho en el Ecuador, que marcaría cambios fundamentales entre el antes y un después en la administración de Justicia”, asegura.

La magistrada y la familia

Con la experiencia de Juez, Fiscal y defensora de oficio, Ximena Vintimilla concursó para integrar la Corte Nacional de Justicia: de dos mil abogados participantes, fueron seleccionados 63 con mejor promedio y luego, de éstos, 21: ella obtuvo el puesto 16 entre todos y el 7 entre las mujeres. El pleno integran 12 varones y 9 mujeres.


El asambleísta Andrés Páez (ex ID, ahora candidato a reelección por CREO), denuncia que ella fue beneficiada con puntajes inmerecidos. El tema no puede descartarse del diálogo: “La acusación, divulgada fuera del momento de impugnaciones, responde a la campaña electoral del asambleísta; el informe de la veeduría internacional no hace observación alguna a mi caso”.


El impugnador inicialmente aseveró que la doctora Vintimilla debió ser calificada 0 en experiencia; luego dijo que con 2 puntos y, al fin, con 4 puntos: “Pero no dijo que inclusive sin esos cuatro puntos, igual ingresaba a la Corte Nacional de Justicia”.   


Ordenar el despacho de causas y controlar que todas las actuaciones se enmarquen en lo que dispone la Constitución, es gratificante, dice: “Cuando en la sala de audiencias se dictan fallos justos los usuarios se van tranquilos. Tenemos asuntos con trascendencia a los medios y por ello hay presión mediática, pero los jueces debemos fallar sin responder a ningún interés que no sean nuestra conciencia, la Constitución y la Ley”.


Cuando asumió la Presidencia de la Sala Penal, encontró casos que no habían sido despachados desde 2006 y hoy apenas quedan unos pocos de 2011 y de 2012. Un logro que destaca es que por primera vez la Corte utiliza medios electrónicos para sortear las causas, públicamente, lo que garantiza transparencia y equipara el número de procesos para cada juez.


Sobre Mahuad, el ex Presidente procesado por peculado, la Juez que continúa la causa y aplicó  la orden de prisión internacional en contra del ex mandatario,  es cauta en referirse el tema. Manifiesta que el proceso debe continuar su trámite ordinario.


Abogada de palabra fácil, especialista en la oralidad, no rehuye abordar temas personales. ¿Qué dice la señora, ama de casa?  “Mi tarea principal es ser madre. Tengo dos hijas, Carmen Lucía y María Lorena. No concibo mi rol de madre como persona que no se realiza en todo ámbito de la vida. Quizá esto es difícil de comprender cuando he dedicado mucha vida a mi profesión y al trabajo, pero si veo a mis hijas tranquilas, seguras y maduras, conscientes de que nada es fácil y que solo con nuestros actos de cada día hacemos nuestra suerte feliz o desdichada, quedo en paz en mi rol de madre, esposa, hija, abogada y mujer”.


A la corrupción, califica como el peor mal del país: está en los negociados, en el palanqueo, el favoritismo, en pensar que no pasa nada o que una llamada puede decidir las cosas y creemos que ser honestos es un mérito, cuando se trata de una obligación en un país en el que las condiciones de la mayoría no son equitativas.


La presencia en la Corte Nacional, en Quito, ha alterado la rutina familiar, pero los fines de semana regresa a reunirse con la familia en Cuenca. También el esposo labora en Quito, como Decano de Arquitectura en la Universidad Sek. Además, respirar el aire natal es saludable y gusta participar de la vida de la ciudad: el 24 de diciembre estuvo en al Pase del Niño tradicional de Cuenca, acompañando a infantes de la familia en la procesión con la réplica del Niño Viajero, que ocupa un lugar especial de su devoción en su casa y en su corazón de mujer cristiana.