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Martha Cardoso en la cabina radial, el viernes anterior al Carnaval, en un diálogo sobre la temporada con el literato y lingüista Oswaldo Encalada.

Martha Cardoso ha vivido rodeada de micrófonos desde la niñez. Nítidos recuerdos infantiles le transportan a las cabinas de locución y las consolas de la emisora cuencana Ondas Azuayas, que salió por primera vez al aire en 1949

En un diálogo para esta revista, ella evoca a personajes de la cultura y el arte charlando animosos sobre temas de actualidad o en recitales literarios transmitidos en vivo y en directo al gran público. Y qué decir de los informativos y las polémicas sobre cuestiones de interés social, en tiempos predominantes de la derecha conventual que clamaban renovarse en beneficio de las mayorías oprimidas.

Estudió el bachillerato en el colegio religioso Sagrados Corazones, graduándose en 1961. Entonces se incorporó como secretaria a la emisora dirigida por su hermano José Antonio y admiró a un personaje presentador de noticias y periodista: Jorge Piedra Ledesma, con quien sellaría una alianza matrimonial y periodística para siempre.

A los jóvenes esposos a más de la pasión por la radio les unía el ideal de convertir a la comunicación social en un compromiso de defensa de la justicia y en contra de toda amenaza a los intereses y aspiraciones populares. Jorge, que estudió Jurisprudencia, estaba integrado a la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (URJE), movimiento estudiantil universitario de dimensión nacional.

Por entonces el Presidente Velasco Ibarra, proclamado dictador, mandó a clausurar la emisora que defendía la democracia y denunciaba sus abusos de poder. Los directivos de la emisora, perseguidos, se habían puesto a buen recaudo, cuando un pelotón de militares irrumpió para ordenar que apagasen la emisora. Martha ofreció resistencia hasta que llegó su padre a defenderla. “Cuatro bayonetas apuntaban al pecho de mi padre –recuerda- y yo me aferré a su cuerpo para que no le hicieron daño”. Al fin los intrusos se habían dado modos para silenciar la radio y la abandonaron: acaso este episodio marcó una impronta en su vocación periodística orientada a defender siempre la libertad de expresión y denunciar a los poderes que atentan contra los derechos ciudadanos.

Antes de Ondas Azuayas, en 1937, se había fundado la primera radiodifusora de Cuenca, la Tomebamba, que tras tres décadas de operación acabó por desaparecer por deudas con el Seguro Social. Entonces, los jóvenes emprendedores se empeñaron en recuperar la estación y en 1970 nació La Voz del Tomebamba, donde harían lo mejor y más intenso del periodismo radial en toda su vida.

Martha estudió periodismo en la Universidad de Cuenca en los años 70 del pasado siglo y reforzó los planes de trabajo profesional en la emisora, apoyando las iniciativas del esposo. La emisora se convertiría en una poderosa voz y pensamiento de los cuencanos, sobre todo de los sectores sociales pobres y marginados.

 

 Arriba, con Jorge Piedra Ledesma, su esposo, destacado exponente del periodismo radial. En medio, con sus hijos Jorge Jr. Y Guerman, herederos de la vocación periodística, cuando ella recibió una condecoración municipal. Abajo, patio de la residencia de Martha, junto a la emisora, con esculturas religiosas que tenían sus padres en la capilla de su casa en el cantón Sígsig. Las plantas ornamentales contrastan con la solemnidad del recinto.

Martha considera que una de las satisfacciones importantes en el ejercicio periodístico fue en el gobierno del Presidente León Febres Cordero, cuando al pie de los hechos, siguió la persecución contra los militantes del movimiento Alfaro Vive Carajo, a varios de los cuales cree haberlos salvado la vida, denunciando los allanamientos de sus hogares, las prisiones, las torturas a las que fueron sometidos. Al transmitirse los hechos, se impidió que se consumaran algunos crímenes del despótico gobierno.

La “Pareja Tomebamba” –Jorge y Martha- había calado en el pueblo cuencano y en 1988 Jorge fue elegido Alcalde, lo que le dio a Martha la oportunidad para una acción social intensa a favor de los sectores deprimidos de Cuenca y del cantón. Ahora ella lamenta que, por razones políticas, los sucesores en la Municipalidad hayan dejado desaparecer más de quinientas bibliotecas creadas en parroquias y caseríos, donde nunca antes llegó la gestión municipal.

La conversación siempre tiene, como trasfondo, el papel de la radio en su vida: “Para mí la radio es todo. En mi casa todos somos radio: mi esposo –Jorge murió en julio de 2019- mis hijos, mis nietos, estamos involucrados en ella. Al trabajar en la radio la palabra debe ser bien dicha para educar permanentemente, con responsabilidad, porque nuestras voces están en la vida de la gente desde que amanece, hasta en la noche”, dice.

Ya por varios años, al medio día, dirige el programa Diálogo con el Pueblo, que aborda temas de salud con la participación de médicos y otros especialistas del ramo, para interactuar con el público sobre la prevención y tratamiento de dolencias y enfermedades comunes. Los días viernes, se aborda otros temas de actualidad e interés general para los radioescuchas.

Martha habla de un espacio reciente, el dialogo con un ciego del que recibió enseñanzas: “él ha aprendido a valerse por sí mismo y no es un peso para sus seres queridos. Yo le dije usted ve todo mejor de lo que vemos los que tenemos ojos y cinco sentidos, porque ha creado un mundo propio en su cerebro. Cuando oye música usted los ve a Beethoven, a Mozart, a los grandes genios musicales, a quienes nosotros solamente los escuchamos. Además, usted no ve las cosas graves, negativas, que están ante nuestros ojos. Y por eso puede ser feliz…”

Martha Cardoso de Piedra ha recibido reconocimientos por su labor periodística de parte de la Municipalidad de Cuenca, del Gobierno Provincial, de gremios periodísticos, de organizaciones sociales y barriales, pero dice que de los más gratificantes es el que le dio Amnistía Internacional, por la defensa de la vida y los derechos de militantes de Alfaro Vive Carajo, cuando en el gobierno de 1984 a 1988, se tiraba a matar al miembro de la organización que apareciera o se ofrecía recompensas millonarias si los entregaban, vivos o muertos, en manos de la “Justicia”.

Madre de cuatro hijos y abuela de ocho nietos, ella ha hecho del periodismo radial –también fue docente universitaria y dirigente gremial- la profesión de su vida, que la continuará ejerciendo con alegría y entusiasmo, mientras tenga un micrófono por delante.

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