Solo cuando obtengamos respuestas claras y contundentes de lo que es importante y no sólo coyuntural, nuestro voto reflejará el compromiso con una opción que se ha preparado porque tiene un elector exigente, informado, no dispuesto a justificar cualquier decisión que eche al tarro de la basura el discurso y la acción que se difundió en la campaña electoral

En política es posible inclusive tostar granizo”, es una frase del Dr. Andrés F. Córdova Nieto, Presidente de la República en el periodo diciembre 1939-agosto 1940, la escuchamos con frecuencia y prácticamente se ha convertido en una invitación a considerar que en política todo vale, que definitivamente nos tenemos que resignar a que todo puede ocurrir, y lo peor, es una invitación “franca y sincera”, a que no nos sorprendamos de nada, que en el escenario político pueden ocurrir las cosas más asombrosas en cuanto al comportamiento humano, por lo que, viene a ser una especie de escudo, y a quien está actuando en esa tarima, le debemos permitir todo.

¿Nos resignamos a esta apreciación tan común, mil veces repetida y que por eso pasó de ser un eufemismo a una verdad irrefutable?. No y mil veces no, debemos retroceder en el tiempo y rescatar todos los valores que deben estar presentes en el ejercicio de la política, tenemos que ser exigentes con todos quienes deciden participar, pedirles cuenta de las soluciones que proponen a los principales problemas que enfrenta la ciudad y el país, analizarlas con rigor en cuanto a la posibilidad cierta de ejecución, y solo cuando obtengamos respuestas claras y contundentes de lo que es importante y no sólo coyuntural, decidir nuestro voto que reflejará el compromiso con una opción que se ha preparado porque tiene un elector exigente, informado y que no está dispuesto a justificar cualquier decisión que eche al tarro de la basura el discurso y la acción que se difundió en la campaña electoral.

Por las obras les conoceremos, de la acción a la ejecución, quien decide intervenir en política, está preparado para administrar la cosa pública y debe hacerlo con conocimiento, eficiencia, pulcritud, ejecutando sus acciones con la carga emocional de los mejores valores que debemos trabajarlos durante toda nuestra vida, toma de decisiones con objetivos claros destinados a solucionar los principales problemas que tiene la población, impulsar políticas públicas que permitan superar las brechas en el ejercicio de los derechos que enfrentan quienes menos tienen, a promover y materializar que los servicios básicos alcancen a la mayoría de la población, a destinar los fondos a las necesidades que apremian; en fin, a todo aquello que permita cambiar situaciones injustas que en la mayoría de las ocasiones, las miramos de lado pero en campaña, son el principal enfoque para la foto y el video que suben a las redes sociales.

Aristóteles destacó que el Estado tiene como base la familia, que cubre sus necesidades básicas; entonces, usted aceptaría que lo mucho o poco que tenga en su patrimonio lo venga a administrar una persona que no sabe de prioridades; está dispuesto a tolerar que con ese patrimonio se haga negociados que vayan en beneficio de los que quieren “tostar granizo”; usted quiere que no solo el granizo se haga agua, sino todas las esperanzas y certezas que piensa se deben ejecutar conforme un plan de trabajo en el que usted creyó y puso el voto que permita que su candidato o candidata alcance la dignidad para la que le eligió.

Un Estado moral prosperará cuando sus ciudadanos sean buenos; la ética es la ciencia del comportamiento personal; la moral, el conocimiento de la conducta del individuo; la economía, la ciencia de origen y desarrollo de la Ciencia Política, propuso y sentenció el filósofo, entonces, vamos a seguir permitiendo que la improvisación siga triunfando y otra vez resignarnos a esperar las próximas elecciones. No debemos continuar en esa pasividad de emitir nuestro voto y luego olvidarnos de exigir cuentas de lo que suscribieron y se comprometieron; si nuestro convencimiento personal es de que somos buenos administradores en nuestro hogar, no permitamos que nos sigan distrayendo de grandes problemas como lo que está ocurriendo con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social; nuestros derechos son irrenunciables lo declara el ordenamiento jurídico ecuatoriano, pero cuando colapse el sistema nos quedaremos con las palabras, y los silencios posteriores darán cuenta de nuestras omisiones colectivas y quizá sea demasiado tarde para reclamar o para arrepentirnos, hagamos entonces de la política, la posibilidad cierta de servir a la ciudadanía, y no de servirnos del patrimonio colectivo.