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El año 2021 ha llegado con un cargamento de incógnitas sobre la vida y el destino de la humanidad, acosada por una pandemia que ya exterminó a decenas de millones de seres humanos y aún no puede ser exterminada. Mientras no hay salud, no hay paz, seguridad, ni progreso, ni desarrollo… Súmese a eso, en el caso ecuatoriano, la debacle social, moral, económica y política en este período electoral con un batallón de candidatos presidenciables y de “padres de la Patria”.

De las profundidades de las crisis suelen brotar energías para superarlas y mejorar las realdades humanas y sociales. Es la esperanza que queda al comenzar un año lleno de interrogantes hacia la cuales vale buscar las mejores respuestas. No es tiempo para echarse a morir derrotados sino para reaccionar con brío y crear un mundo mejor del que vivimos el año pasado.

Urge pensar en el futuro, cada vez menos corto para las generaciones dominantes y auspicioso para las que van a sucederlas. Pensar en el bienestar, seguridad y éxito de quienes gobernarán y serán gobernados en años venideros, es la mejor forma de ser solidarios con la nueva humanidad que dominará el mundo y las patrias en las que está dividido. Por ello, pese al pesimismo en estos tiempos de crisis de salud, de valores y principios, el ánimo con el que afrontemos los retos del nuevo año, repercutirá en el destino nacional y del mundo.

Hay que clamar porque los triunfadores en la lid lectoral que se aproxima sean consecuentes con el presente y el futuro y sean capaces de dejar, para siempre, atrás, tantos errores, perjuicios y males que han asolado a la patria ecuatoriana en los últimos tiempos. Por favor, devuélvannos las esperanzas..




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