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Junio de 2014

Palabras y piedras sueltas

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Fantasmas del ferrocarril en la estación de Gapal

Vino tarde y se fue de temprano. Ya pocos quedan para contar historias de locomotoras y trenes en la ruta Sibambe-Cuenca, cuyo próximo destino sería para paseos en bicicleta
Vino tarde y se fue de temprano. 
Ya pocos quedan para contar historias de locomotoras y trenes en la ruta Sibambe-Cuenca, cuyo próximo destino sería para paseos en bicicleta
 
El ferrocarril, en Cuenca, ha sido un fantasma recorriendo al revés del tiempo: en 1965 llegó por primera vez, 52 años después del primer automóvil y 45 luego de que aterrizara el primer avión. Y, desde que desapareció en 1993 por el famoso desastre de La Josefina, su regreso es una gran mentira.
 
Arriba placa conmemorativa de la inauguración del ferrocarril en Cuenca. Abajo, una góndola y un reservorio de combustible, chatarras que exhiben la ruina ferroviaria de Gapal.
El sesentón Jorge Bernal Bernal inspecciona todos los días, con nostalgia, el campus ferroviario de Gapal, donde estaba la estación Miguel Ángel Estrella, a la que llegaban o desde donde partían los trenes y autoferros para recorrer las rutas de la sierra y la costa.
 
La Junta Militar de Gobierno, presidida por Ramón Castro Jijón, mediante decreto Nro. 509, impuso el nombre del coronel Estrella a la Estación Terminal del Ferrocarril Sibambe-Cuenca, lo que anunció el 6 de marzo de 1965 el propio gobernante, durante la inauguración del servicio ferroviario en una ceremonia que concentró a miles de personas para el acontecimiento y espectáculo de la llegada de los primeros trenes a Gapal. El patrono de la estación (19003-1964), dirigió los combates militares contra la invasión peruana de 1941 en El Oro y es reconocido héroe; fue Director de la Empresa de Ferrocarriles, Subsecretario de Defensa y Alcalde de Cuenca, de diciembre de 1953 a noviembre de 1955.
 
Jorge Bernal preside la Hermandad Ferroviaria del Ecuador, capítulo de Cuenca, que agrupa a medio centenar de jubilados de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, entidad que les ha dado en préstamo la que fuera su sede administrativa mientras estaba operativo el servicio ferroviario.
 
Allí, al sur de la ciudad, fuera del local de la hermandad ferroviaria, no quedan más que un entretejido de rieles y chatarras de góndolas y carrocerías que apenas evocan el ajetreo madrugador, con ulular de sirenas de partida y bienvenida, cuando las viejas máquinas que Eloy Alfaro las convirtió de sueño en realidad trajinaban a diario por las rutas nacionales. 
 
Bernal vigila esos predios ruinosos, obligado por la dignidad que representa. Le gusta hablar de su antiguo trabajo y del tren. Su madre, Lucrecia, le había conseguido en 1963 enrolarle de peón cuando apenas tenía15 años, en la sección 6 del Ramal Austral, en Pimo, cerca de El Tambo, el pueblo nativo. Luego ascendió a auxiliar y después a banderero –antes del amanecer inspeccionaba 10 kilómetros de rieles en previsión de descarrilamientos-, hasta que en 1967 fue a la conscripción militar y perdió el empleo.
 
De regreso del cuartel reempezó el trabajo ferroviario volviendo a ser otra vez peón en Pimo, hasta que por su experiencia recuperó el tiempo perdido y le ascendieron a sobrestante en 1969, a ayudante de maquinista en 1973 y a maquinista en 1979, hasta jubilarse en 1993 después de recorrer miles y miles de kilómetros entre Durán, Bucay, Alausí, Riobamba y Quito. 
 
La ruta Sibambe-Cuenca, que estaba en aquellos sueños de Eloy Alfaro a inicios del siglo XX, se inauguró el 6 de marzo de 1965, para una supervivencia irregular con interrupciones por problemas económicos y administrativos, mientras envejecían las máquinas, hasta que el gobierno de Rodrigo Borja (1988-1992) reactivó el servicio con nuevas unidades, con fines turísticos, para aprovechar el encanto de la geografía nacional entre montañas, nevados, climas diversos y valles y ríos…
 
Borja reinauguró esta ruta colocándose de maquinista al volante de una locomotora en el trayecto de Azogues a Cuenca para entrar –travieso como era ese Presidente- en forma triunfal y heroica en la estación Miguel Ángel Estrella, de Gapal, en medio de aplausos, después discursos, homenajes y promesas.
 
El ex maquinista Jorge Bernal, presidente de la Hermandad Ferroviaria de Cuenca, luce la gorra de cuero con las iniciales G-Q (Guayaquil Quito), en las grandes ocasiones que ameritan una fotografía.
Bernal recuerda como una de las anécdotas inolvidables de su oficio ferroviario el descarrilamiento que sufrió en Santa Rosa, provincia del Chimborazo, uno de los aparatos que iba a incorporarse en Azogues a la caravana inaugural del Presidente Borja. A él le tocó reparar las averías de la enrieladura para que las ruedas metálicas volvieran a encajarse entre las paralelas.
 
El servicio se tornó más o menos regular, con objetivos turísticos, entre Cuenca, Azogues e Ingapirca, aunque gradualmente fue haciéndose descuidado e incumplido, hasta que el desastre de La Josefina -29 de marzo de 1993- acabó por destruir el trayecto de El Descanso a Challuabamba, en las cercanías de Cuenca: el gran deslave inundó miles de hectáreas entre Cuenca y Azogues y cuando evacuaron las aguas represadas por un mes la ruta del ferrocarril era una ruina.
 
Una vieja locomotora, roja, fabricada en 1910, quedó en Gapal luego de aquel fenómeno hidrogeológico, sin poderse ir a ninguna parte por la destrucción de las vías metálicas. Los vecinos del barrio ferroviario la convirtieron en símbolo y afectuoso recuerdo. Por eso, cuando a fines de 1994 la treparon a la plataforma reforzada de un camión para sacarla de Cuenca, todos se levantaron para impedirlo y el gigantesco aparato de 45 toneladas, capaz de arrastrar hasta 20 vagones con 500 quintales cada uno,  volvió al sitio donde había permanecido más de un año.
 
En 1996 la Empresa de Ferrocarriles retomó el proyecto de llevarse el monstruo metálico, pero se opuso el flamante alcalde de entonces, Fernando Cordero, y anunció que el aparato quedaría en Gapal, en medio de un redondel, como un monumento  en el barrio ferroviario. No obstante, los “dueños” de la máquina la cargaron apuradamente una noche sobre un camión y se llevaron ese postrer vestigio del tren en la ciudad de Cuenca.
 
La recuperación del ferrocarril ha sido tema de promesas políticas sucesivas en los últimos veinte años, pero Bernal no perdona que el Presidente Sixto Durán Ballén fuera quien lo condenó a muerte y “a pretexto de modernizarlo decretó la compra de renuncias de miles de trabajadores del riel y vino la debacle que nadie ha podido superarla”, comenta.
 
El 3 de noviembre de 2001, en la sesión conmemorativa de la independencia de Cuenca, el Gerente de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, Sergio Coellar Mideros, y el Alcalde de Cuenca Fernando Cordero, firmaron un convenio que empezaba apuntando: “Es de interés de la Municipalidad y de la Empresa Nacional de Ferrocarriles conseguir la rehabilitación del servicio ferroviario hasta Cuenca”. El Presidente Gustavo Noboa y el Ministro de Obras Públicas, José Macchiavelo, firmaron como testigos de honor.
Es curioso que en ese documento se alude a la “rehabilitación” del ferrocarril, pero se refiere a la ruta férrea, para utilizarla como ciclovía de bicicletas entre El Descanso y la estación de Gapal, tema reactivado en las últimas semanas, dando por descontado que se descartaría la posibilidad de que volvieran los ferrocarriles a esta ciudad.
 
“Treinta años los dediqué con pasión al trabajo ferroviario y da pena ver que ningún gobierno se interesa por recuperar la ruta de Cuenca. No nos queda sino mirar con impotencia cómo se va acabando en ruinas lo último que queda de la estación de Gapal”, dice Jorge Bernal, maquinista que conserva como un tesoro la gorra de cuero con visera y las iniciales G-Q (Guayaquil-Quito) en la frente, que la usó en los últimos viajes entre la costa y la sierra del Ecuador, hasta jubilarse.
 
El Ministerio del Transporte y Obras Públicas ejecuta actualmente la ampliación y mejoramiento de la vía rápida Cuenca-Azogues-Biblián, pero no hay detalles oficiales y concretos sobre si esta vía que sigue el trayecto ferroviario, consideraría la posibilidad de recuperar la ruta del tren. Al flamante Alcalde, Marcelo Cabrera, corresponde una gestión urgente para conseguirlo, antes de que los hechos consumados acaben por cerrar para siempre las puertas de entrada del ferrocarril a la ciudad de Cuenca.
 

 

Comentarios 

 
0 #2 ferrocarrilsegundo 11-02-2017 22:37
ojala que algun dia se acuerden del ferrocarril ****
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+1 #1 RE: Fantasmas del ferrocarril en la estación de Gapaljuan machado 17-09-2014 11:26
buenos días soy un estudiante de la facultad de arquitectura de la universidad de cuenca estoy egresado y quisiera saber como pudieron conseguir la entrevista a jorge bernal me interesaría mucho ponerme en contacto con el ya que estoy haciendo mi tesis de investigación sobre la antigua estación ferroviaria de cuenca y quisiera que el me ayude con mas datos si podrían darme algún numero o dirección para yo poderme contactar con esta persona jorge bernal, muchas gracias
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