Revista Avance

      

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Palabras y piedras sueltas

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Democracia, en Pocas Palabras

“Los políticos son gente que se caracteriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer negocios, emplear a parientes y amigos, enriquecerse a costa de las arcas públicas y entrar en el mercado por arriba… Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación”
 
El tiempo de campaña electoral brinda ocasión para hacer reflexiones críticas sobre el tipo de democracia que predomina entre nosotros. Es prueba de democracia el hecho de que más de doce millones de ciudadanos tengan que ir a las urnas para escoger a sus candidatos a la presidencia de la República. Pero eso todavía no dice nada sobre la calidad de nuestra democracia. Ella sigue siendo de una pobreza espantosa agobiada por la demagogia social y populista, es decir, por la manipulación de las necesidades y emociones de las masas populares por encima de las acciones meditadas, racionales y lógicas.
 
   ¿ Por qué es pobre? Porque el maleficio político ha pervertido a la democracia al punto de convertirla en un sistema de transacciones coyunturales entre pequeños feudos de poder que, aprovechándose de un texto constitucional, han sometido al país al cálculo electoral y han mediatizado todo proyecto de cambio.
 
   El sociólogo Pedro Demo, de Brasil en su obra Introducción a la sociología ( 2002 ) dice enfáticamente: “nuestra democracia es escenificación nacional de hipocresía refinada, repleta de leyes bonitas, pero hechas siempre, en última instancia, por la élite dominante para que la sirva de principio a fin. Los políticos son gente que se caracteriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer negocios, emplear a parientes y amigos, enriquecerse a costa de las arcas públicas y entrar en el mercado por arriba… Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación” ( página 130 ).
 
   Esta descripción no es una caricatura, salvo honrosas excepciones. Es lo que se constata día a día y puede ser visto por la televisión, escuchado en la radio y leído en los periódicos y redes sociales: escándalos de la depredación de los bienes públicos con cifras que ascienden a millones y millones, el asalto criminal a los recursos públicos es habilidad y “privilegio” de quien llegó allí, a la fuente del poder.
 
   Vivimos una democracia electoralista y de encuestas en donde prevalece la tiranía empírica de la realidad en desmedro de los debates políticos, las columnas de opinión de los medios de comunicación, las manifestaciones, mítines y otras formas de expresión; una minoría que sigue a la opinión dominante por temor al aislamiento o por miedo a expresar una opinión diferente. Por desgracia, las encuestas y sus sesgos están siendo consideradas como si fuesen una elección, lo que da lugar a una especie de “fatalismo” en donde se podría hasta prescindir de las campañas políticas (para qué debatir si son las encuestas con sus limitaciones metodológicas las que guían a la acción política).
 
   En nuestra democracia, el pueblo no se siente representado por los elegidos; después de unos días ni se acuerda de por quién votó. Por eso no está habituado a acompañarlo ni a pedirle cuentas. Además de la pobreza material está condenado a la pobreza política, mantenida por las élites o dueños de los partidos políticos. Pobreza política es que el pobre no sepa las razones de su pobreza, y creer que sus problemas pueden ser resueltos, sólo por el asistencialismo estatal o por el clientelismo populista al ofrecer bonos de 150 dólares mensuales o un millón de empleos en cuatro años amen de una larga lista de imposibles ofertas y embustes públicos que es, probablemente, la principal causa del desencanto de una ciudadanía sitiada entre la retórica y las duras realidades de la crisis.
 
   El rechazo creciente que experimenta la sociedad ecuatoriana por la clase política demuestra que todavía queda algo sano en nuestro país. Para que exista una renovación de la vida política en democracia, y en general una regeneración de nuestro país, es preciso, ante todo y por sobre todo, sanear la política, abrir de par en par las puertas de los poderes del Estado hasta que desaparezca ese aroma fétido a corrupción, y entre aire nuevo.

 

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Portada de Junio de 2017

El Presidente Lenín Moreno anunció una política de brazos abiertos e invitó a todos los ecuatorianos a trabajar con armonía por el bien del Ecuador.

 

Opinin

Renovación y Optimismo Nacional

  La democracia continúa, la historia sigue su curso. Un ambiente de esperanzas predomina en el ánimo de los ecuatorianos en los días iniciales del Gobierno del Presidente Lenín Moreno, quien asumió el mando el 24de mayo con un discurso reconciliador, luego de la fogosa campaña electoral que ya es drama del pasado.

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Reportajes, Entrevistas y Ms...

Ciudad, gente, cultura y desarrollo

 

 

 

 

Martín Sánchez fue elegido Director de la Casa de la Cultura del Azuay y está en funciones desde mayo pasado. La nueva Ley de Cultura suprimió el cargo de Presidente del Núcleo y él es el primer directivo institucional de esta etapa que incorpora la Casa de la Cultura al Ministerio del ramo.

 

 

 

 

 

 

 

Manuel Orellana Ayora falleció el 18 de mayo, en Quito. Fue uno de los diez integrantes iniciales del Semanario La Escoba, resucitado en 1949 para continuar la publicación fundada por Fray Vicente Solano en 1854 y del que el religioso polémico sacó a luz 36 ediciones hasta febrero de 1858. Además, Orellana fue hombre público y maestro universitario con destacada trayectoria como investigador del desarrollo regional y nacional. Ejerció altas funciones en organismos internacionales. En varias épocas, con silencios y resurrecciones, La Escoba perduró hasta enero de 1961, cuando vio la última luz el Nro. 196. El Semanario, polemista y humorístico, irreverente, se rebeló contra los políticos, los intelectuales y personajes de viejo cuño y fue ventana anunciadora de nuevos tiempos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sandra Ochoa, Corresponsal del diario El Universo, falleció en la primera semana de mayo, provocando consternación entre los compañeros de profesión en Cuenca y en el país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Humberto Polo Cabrera (1917), emprendedor comerciante, falleció en mayo pasado. Próximo a cumplir cien años, es recordado como un propulsor de la actividad mercantil de la ciudad en el siglo pasado. En junio de 1963, hace 54 años, fue uno de los fundadores de la primera Cooperativa de Ahorro y Crédito de Cuenca, en la Cámara de Comercio, ahora nominada Cooperativa Alfonso Jaramillo León (CAJA). 

 

 

 

 

 

 

 

El Alcalde Marcelo Cabrera Palacios, en cumplimiento de la Ley, presentó el informe de labores del último año de gestión. Fue en el Museo de la Ciudad, ante funcionarios municipales y público proveniente del Movimiento Igualdad, que él lo dirige.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Serrano Aguilar, ex Presidente de la Corte de Justicia del Azuay y hombre público de destacada trayectoria, fue homenajeado por sus familiares y amigos, por haber recibido una distinción de la Municipalidad de Cuenca en reconocimiento a sus méritos. Aparece con su esposa, Martha Montesinos, rodeado de sus hijos y familiares
 

Vida en Broma

El Presidente Rafael Correa trabajó hasta el agotamiento, por diez años. Poco faltó para que saliera de la Asamblea Nacional en silla de ruedas luego de entregar el mando a su sucesor.

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