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Largos años he mantenido esta columna, con un claro sentido de propuesta y de obligación, hasta llegar a formar parte importante de mi existencia. La interrumpo hoy porque he entrado irremediablemente, en esa dura etapa de la vida, que es el repliegue

Toda mi vida, y particularmente de una manera regular y constante desde hace 50 años, he mantenido una columna de prensa continua, que ha tenido la suerte de ser acogida por los principales periódicos de la ciudad. No se trata, evidentemente, de un monólogo, en el que alguien dice lo que se le ocurre sin dirigirse particularmente a nadie, sino estrictamente, de una forma muy rica del diálogo. Esto explica el carácter tan peculiar de la literatura para periódicos y revistas y su inmenso poder de influencia en la formación de la opinión pública.

El ejemplo de algunos grandes columnistas de la prensa permite asomarse a la rica complejidad de esta relación. En el más estricto sentido de la palabra, no hay monólogo. Toda frase, en alguna forma, tiende a provocar una respuesta.

Por largos años he mantenido esta columna, con un claro sentido de propuesta y de obligación, hasta llegar a formar parte importante de mi existencia. La interrumpo hoy porque he entrado irremediablemente, en esa dura etapa de la vida, que es el repliegue. Ello constituye un cambio determinante y radical e irreversible para mí, que lo acepto con fortaleza, no con la absurda resignación.

La última vez que me despedí de mis lectores fue el 31 de diciembre de 2015 cuando diario “El Tiempo” pasó a ser propiedad de “El Telégrafo” al servicio de Rafael Correa. Fueron veinticinco años de columnista y editorialista. Hoy me despido de nuevo, esta vez porque me voy de AVANCE debido a una degeneración macular, lesión que me impide leer y escribir con claridad.

Siento que ya he cumplido un ciclo vital decisivo en esta revista a la cual ha estado ligada mi existencia. Cambian las circunstancias, cambian las rutinas que sostienen nuestras vidas, cambia el oficio de leer y escribir, cambia la vida. Entender que ha llegado este momento ha sido todo un proceso y es algo que me llega a las entrañas. Es irme de la que ha sido mi casa – y no solo editorial- desde que tengo memoria.

Es evocar, de un tirón, todas las etapas de mis 19 años en AVANCE, donde he dejado todo lo que soy y escrito todo lo que he sido. Las pasiones y contradicciones; rabias y miedos, convicciones y decepciones que me han acompañado en la brega por captar un país tan contradictorio y complejo, han quedado todas plasmadas en las páginas de esta revista al que hoy la digo adiós. Y me voy agradecido por todo lo que AVANCE en tantos años me enseñó: a amar un bello oficio, a sentir mi ciudad y a pensar libremente.

Opto, en fin, por esta independencia en soledad porque, luego de tantos años, he tenido el privilegio de escogerla y guardarla como colección en un lugar privilegiado de mi solitaria biblioteca clausurada ahora por mi progresiva ceguera.

No me alcanzan las palabras para despedirme como quisiera de esa gran familia que ha sido la redacción de AVANCE, el templado equipo de redactores y editores que son el alma y nervio de la revista. A todos ellos, en especial a Rolando Tello Espinoza, amigo cordial para todos los afectos, hermano del alma, compañero de avatares y alegrías que supo soportar mis exigencias e impaciencias, los llevo muy adentro.

A Rolando Tello, no hay que decirle la falta que me hará. Ni el éxito que le deseo en su empeño sin fatiga para que AVANCE siga siendo la primera revista de Cuenca y obligada referencia de credibilidad, tolerancia y pluralismo para los ecuatorianos.

A todos, buen viento, buena mar y un sentido adiós.

 

N. d. D.- Es muy duro aceptar la despedida de un amigo y estrecho colaborador de la revista. Es comprensible su decisión, por la responsabilidad personal relacionada con su salud visual. Queda, no obstante, la esperanza de que esta situación sea superada o disminuida a corto tiempo: las puertas de AVANCE estarán siempre abiertas para Eugenio, así como la fraterna relación de su amistad con todos los que estamos vinculados a este medio que, venciendo obstáculos, está mes a mes ante el público. Gracias, Eugenio, por la oportunidad para que nosotros y los lectores hayamos saboreado el placer de leerlo, valorando sus aptitudes periodísticas, literarias y humanas, sustentadas en la razón y la ética para orientar la conducta social con el ejercicio periodístico. Gracias, muchas gracias, Eugenio. Nos hará mucha falta…

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