Revista Avance

      

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Palabras y piedras sueltas

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Por Julio Carpio Vintimilla

 

Si la Argentina hubiera sido el exitoso país de la anterior Historia, no habría necesitado un evanescente populismo; no habría necesitado un caudillo latinoamericano tradicional; no habría debido buscar, para nada, una tercera posición en la geopolítica internacional… Conclusión parcial: El Peronismo no trajo las desgracias nacionales. Al revés: Las desgracias nacionales -- preexistentes e irremediables -- le trajeron al Peronismo 


Brasil, sexta potencia económica del mundo -- anuncian los diarios. / Y añaden que se ha producido, a consecuencia de ello, una notable carambola geopolítica. Y otra vez la Argentina, indirecta y explicablemente, fue tocada. ¿Y este país -- se preguntan muchos -- en dónde está hoy?  Por el puesto 36… -- responden los más enterados. ¿Y no estuvimos en el octavo puesto a comienzos del siglo XX?  ¡Claro…!  Pero eran otros tiempos…/  Y las malas noticias -- buenas para los demás, como suele suceder -- continúan. Colombia predijo hace poco que será, en el 2014, la tercera economía de  Latinoamérica. (Detrás de Brasil y México; y adelantándose, por supuesto, a la más bien lenta Argentina y a la cuasi retrocedente Venezuela. Colombia ya había superado al país austral, en población, a mediados de la década de los noventa…) Y tales hechos son nada más que un par de botones de muestra de la entreverada situación. En la cesta nacional de costura, queda toda una botonería muy abundante y variopinta; que no viene al caso  revisar, por ahora.

 
Pero las cosas bien pudieron haber ocurrido muy de otro modo. A ver. Si pensamos que los procesos sociales son relativos a las situaciones y a las épocas, la Argentina del temprano siglo XX ya había llegado al desarrollo. Vaya, expliquémonos: lo que por entonces se consideraba el desarrollo (progreso, con la palabra usual de la época). Para seguir prosperando, el país sólo debía, pues, continuar su marcha. Es decir, al éxito agropecuario debía haber seguido, sin demora, el éxito industrial. (Hay que precisar: Se necesitaba una industrialización genuina; que tuviera una buena base nacional. Lo que significa, en esencia, una industrialización con capitales, tecnología y gestión argentinos. Sin descuidar, ni obstaculizar, desde luego, a la siempre útil y complementaria participación extranjera.) Y, siendo así, la industrialización debía ubicarse -- como en todos los países desarrollados --  dentro de un proceso general de avance en varios frentes y dentro de un proyecto nacional. (Lo que habría implicado el crecimiento constante y más bien rápido de la población, siempre con un buen aporte inmigratorio; la construcción de una infraestructura moderna; el logro de un alto nivel educativo; el mejoramiento institucional público y privado…) En otras palabras, se debía haber generado el más o menos típico crecimiento y desarrollo de un país del Primer Mundo en el siglo XX. En tal forma, hacia l940, la Argentina -- con unos setenta millones de habitantes -- podría haber llegado a ser la segunda economía del mundo. (Quizá sólo detrás de los Estados Unidos.) ¿Demasiado ambicioso? Bueno, ¿y no era eso lo que, aquí y afuera, muchos -- legos, conocedores y expertos -- esperaban del prometedor país austral?
 
Continuemos con la suposición. Y, siendo así, ¿no habría jugado la Argentina un papel importantísimo en la Segunda Guerra Mundial?  (Habría formado parte, con veto, del Consejo de Seguridad de la ONU; habría llegado a tener las bombas atómicas, aproximadamente al mismo tiempo que Rusia e Inglaterra; como de paso, actuando con destreza, habría recuperado las Malvinas…) ¿Y a qué vienen estas atrevidas conjeturas? Un momento: Estamos haciendo aquí un ejercicio de eso que algunos historiadores llaman hoy día la Historia hipotética o contrafáctica. (La que -- pese a sus iniciales y explicables malas apariencias -- tiene una considerable utilidad en el análisis cuidadoso de los procesos. ¿Por qué?  Pues, porque -- gracias a su carácter contrastivo -- nos muestra las abiertas posibilidades que existieron. Nos señala las oportunidades que se perdieron; algunas quizá para siempre…) En definitiva, la supuesta narración nos permite avizorar mucho de lo que pudo haber sido y no fue…
 
Y, ahora, -- de vuelta del reino de lo potencial -- aterricemos en la prosaica realidad argentina. Nos encontramos, de inmediato, con la frustración… Y con el reparto de las culpas del fracaso. ¿Quiénes le sacaron al país de sus adecuados y  seguros carriles? La vieja izquierda y el populismo no tienen dudas al respecto: los imperialismos… Es decir, los otros, los que siempre están en plan de hacernos daño.  Ciertos sectores de la derecha, en cambio, han elegido otro culpable, notorio y destacado: el Peronismo. Obviemos lo primero. (Para la gente más seria, el argumento imperial está desacreditado. Es ingenuo, elemental, paranoico, adolescente…) Y tomemos lo segundo; porque sigue teniendo todavía algún poder de persuasión colectiva. Y examinémoslo. Hay, en éste, un punto también apenas suponible, pero muy significativo: Si la Argentina hubiera sido el exitoso país de la anterior Historia, no habría necesitado un evanescente populismo; no habría necesitado un caudillo latinoamericano tradicional; no habría debido buscar, para nada, una tercera posición en la geopolítica internacional… Estas son cosas de países débiles y atrasados… Conclusión parcial: El Peronismo no trajo las desgracias nacionales. Al revés: Las desgracias nacionales -- preexistentes e irremediables -- le trajeron al Peronismo.
 
Juan Domingo Perón, figura tradicional y emblemática del poder del populismo en la Argentina.
Y aquí llega, de perillas, la noción de la decadencia. (Muy pertinente, por un lado; e insuficientemente definida, por otro.) A primera vista, la noción parece un poco fea y hasta temible… Pero, -- para empezar en esto como es debido -- no nos asustemos. La decadencia no es la ruina total; y  tampoco es la aniquilación… Definámosla, pues, con sus reales características. Al grano. La decadencia es un concepto social e histórico. Es, en esencia, el deterioro gradual, amplio y  prolongado de las condiciones de vida de un grupo humano. A los detalles. Por lo gradual, la decadencia puede resultar, a veces, incluso imperceptible. (Es como el lago que -- secándose muy de a poco -- queda finalmente reducido a una gran costra salina.) Por lo amplio, la decadencia acaba por afectar, de una u otra manera, a todo el grupo nacional y  a todas las actividades. (Si falla la educación, fallará la política. Si falla la política, fallará la coordinación general de la sociedad. Si falla la coordinación, fallará el rendimiento de casi todos.) Y es prolongado por lo ya dicho: Es un proceso histórico; que, por ello mismo, puede durar unos cuantos siglos. (Las crisis -- procesos más cortos y menos graves -- duran cuando más unos lustros.)
 
Adicionalmente, la decadencia es siempre relativa. Relativa en dos planos: interno y externo. En lo interno, es una muy sensible baja de la dinamia  y de las expectativas propias. (Pudimos, por ejemplo, haber crecido 100; y sólo crecimos 20.) Y, en lo externo, es una importante diferencia, negativa, con respecto al desempeño de los mejores. (Los Estados Unidos, el Brasil, México; en cierta medida, aun Colombia y Chile; y también países de condiciones naturales y humanas similares, como Canadá y Australia.) ¿Bastante claro? / Sí, señor. / Entonces, sigamos.
 
Después de la Guerra de Corea, alguien -- cuyo nombre no recordamos o nunca supimos -- señaló que los Estados Unidos habían pasado del salvajismo a la decadencia; directamente, sin hacer las etapas intermedias… Era, desde luego, -- tratándose de aquel país -- una exageración muy grande y muy patente. Era una caricatura… Pero, -- de manera curiosa e inesperada -- semejante apreciación resulta aplicable, con mucha más propiedad y pertinencia, a la Argentina. Hay una decadencia argentina… El apogeo nacional -- el inicial desarrollo que dijimos -- resultó ser nada más que una efímera transición… A una sorprendente decadencia… Se saltó, pues, prácticamente, de la Argentina gaucha a la Argentina subdesarrollada… Y terminemos con Gardel: “…cuesta abajo en la rodada… las ilusiones pasadas…”)  He ahí el resumen del asunto, en un solo par de frases.

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El Presidente Lenín Moreno anunció una política de brazos abiertos e invitó a todos los ecuatorianos a trabajar con armonía por el bien del Ecuador.

 

Opinin

Renovación y Optimismo Nacional

  La democracia continúa, la historia sigue su curso. Un ambiente de esperanzas predomina en el ánimo de los ecuatorianos en los días iniciales del Gobierno del Presidente Lenín Moreno, quien asumió el mando el 24de mayo con un discurso reconciliador, luego de la fogosa campaña electoral que ya es drama del pasado.

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Martín Sánchez fue elegido Director de la Casa de la Cultura del Azuay y está en funciones desde mayo pasado. La nueva Ley de Cultura suprimió el cargo de Presidente del Núcleo y él es el primer directivo institucional de esta etapa que incorpora la Casa de la Cultura al Ministerio del ramo.

 

 

 

 

 

 

 

Manuel Orellana Ayora falleció el 18 de mayo, en Quito. Fue uno de los diez integrantes iniciales del Semanario La Escoba, resucitado en 1949 para continuar la publicación fundada por Fray Vicente Solano en 1854 y del que el religioso polémico sacó a luz 36 ediciones hasta febrero de 1858. Además, Orellana fue hombre público y maestro universitario con destacada trayectoria como investigador del desarrollo regional y nacional. Ejerció altas funciones en organismos internacionales. En varias épocas, con silencios y resurrecciones, La Escoba perduró hasta enero de 1961, cuando vio la última luz el Nro. 196. El Semanario, polemista y humorístico, irreverente, se rebeló contra los políticos, los intelectuales y personajes de viejo cuño y fue ventana anunciadora de nuevos tiempos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sandra Ochoa, Corresponsal del diario El Universo, falleció en la primera semana de mayo, provocando consternación entre los compañeros de profesión en Cuenca y en el país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Humberto Polo Cabrera (1917), emprendedor comerciante, falleció en mayo pasado. Próximo a cumplir cien años, es recordado como un propulsor de la actividad mercantil de la ciudad en el siglo pasado. En junio de 1963, hace 54 años, fue uno de los fundadores de la primera Cooperativa de Ahorro y Crédito de Cuenca, en la Cámara de Comercio, ahora nominada Cooperativa Alfonso Jaramillo León (CAJA). 

 

 

 

 

 

 

 

El Alcalde Marcelo Cabrera Palacios, en cumplimiento de la Ley, presentó el informe de labores del último año de gestión. Fue en el Museo de la Ciudad, ante funcionarios municipales y público proveniente del Movimiento Igualdad, que él lo dirige.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Serrano Aguilar, ex Presidente de la Corte de Justicia del Azuay y hombre público de destacada trayectoria, fue homenajeado por sus familiares y amigos, por haber recibido una distinción de la Municipalidad de Cuenca en reconocimiento a sus méritos. Aparece con su esposa, Martha Montesinos, rodeado de sus hijos y familiares
 

Vida en Broma

El Presidente Rafael Correa trabajó hasta el agotamiento, por diez años. Poco faltó para que saliera de la Asamblea Nacional en silla de ruedas luego de entregar el mando a su sucesor.

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