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Un nuevo año comienza y con él, una expectativa nueva. Ánimos de una nueva oportunidad se hacen presentes para muchos propósitos, acompañados de un sinnúmero de “este año que viene…”. Comenzar esa nueva carrera, dejar de fumar, empezar la dieta, arreglar la casa, entre otros tantos más, posibles o imposibles, que traerán sosiego a miles de almas “pecadoras” que buscan reivindicación.

El Ecuador es otra alma que busca un “empezar de nuevo” acompañado de una profunda esperanza de cambiar para mejor, sin embargo, el ánimo negativo de la población nunca ha tenido cifras tan alarmantes. Según estudios publicados en medios digitales cuyas firmas también, dicho sea de paso, buscan captar potenciales “clientes” en un año preelectoral como el que viene, dan cuenta de que 2019 cerró con 8 de cada 10 ecuatorianos que consideran que el Ecuador va por mal camino; apenas 2 de cada 10 creen que la situación en el país mejorará; 7 de cada 10 se siente preocupado, incierto, frustrado o triste frente al futuro del país.

En materia económica la situación se ve peor, pues 9 de cada 10 creen que el camino que el país ha tomado en este aspecto es erróneo y vamos por un rumbo equivocado. 5 de cada 10 personas indican que ellas mismas o alguien de su familia ha perdido el empleo en los últimos tres meses y en ese contexto 6 de cada 10 se muestran pesimistas en encontrar un empleo. Las mismas cifras indican que, para 5 de cada 10 ecuatorianos, los principales problemas que existen al momento son la falta de empleo y la mala economía, incluso 9 de cada 10 cree que sería un error salir de la dolarización. En cuanto al manejo del gobierno, 8 de cada 10 personas en este país no le cree al Presidente de la República y una cifra similar desaprueba su gestión. Todo esto en contexto a la encuesta publicada por la firma CEDATOS a inicios del ultimo mes del año que terminó.

Estas cifras dan cuenta que, en el nuevo año, los ecuatorianos tenemos una niebla de pesimismo enorme sobre lo que ocurrirá en el futuro inmediato. Esa sombra de duda sobre todo a lo que se asemeje a la típica política, contagia el ambiente. El 2020 es un año preelectoral y la actividad política será intensa y lo que debemos esperar, muy a nuestro pesar, es más pugnas y peleas entre políticos, con el solo afán de captar el poder en el 2021. Sigue la población siendo la sacrificada sobre la triste realidad del manejo político, sumado a la gestión de un Gobierno que no brinda estabilidad política y que, al contrario, mantiene un discurso que ahonda aún más el desconsuelo y pesimismo.

Quienes tengan intenciones electorales en el 2021, deben pensar que el 2020 no es un año de construcción de imagen o de fortalecimiento de estructuras o del típico proceso que durante décadas -y con los matices de la modernidad de las estrategias electorales- se han aplicado en el tiempo inmediato anterior a un proceso electoral. No, la coyuntura actual convoca a una nueva visión. La gente está hasta la coronilla de peleas entre políticos y no ha visto una sola propuesta de generar empleo, luego de casi tres años de un bajón económico, resultado de la convulsión política. La gente quiere que alguien le hable con palabras simples, cómo vamos a salir de esta crisis política, institucional y económica que todos vivimos día a día. La gente quiere alguien que proponga con decisión, incluso de intentar cerrar las enormes brechas que ha dejado este proceso desgastante de los últimos tres años. La gente quiere que se mire el desarrollo del país desde otros polos, pues ya no solo el norte geográfico debe ser el norte del manejo del país. El sur y su gente, también tiene mucho que decir. Y no nos referimos solamente desde el punto de vista de la ubicación en el mapa, sino también desde la visión de nuevos liderazgos que son necesarios ahora más que nunca en el país, que aseguren mirar al futuro y no en las broncas del pasado, evitando que la venganza envenene corazones y que la memoria, indispensable, por cierto, sea útil al momento de construir, solo allí tendremos una oportunidad de esperanza necesaria.

 

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