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Los vigilantes controlan en las zonas periféricas de Cuenca mientras brillan por su ausencia en las calles del centro histórico. Las multas, los parqueos, los radares, los semáforos, todo un caso…

El caos del tránsito en vez de resolverse se complica en Cuenca. Al supuesto exceso de vehículos en las calles estrechas del centro histórico, se añade la deficiente intervención de la Empresa Municipal de Movilidad (EMOV), cuyo principal destino parecería ser imponer y cobrar multas, más que organizar y facilitar la circulación.

La empresa dispone de muchísimos patrulleros que recorren incesantemente por la periferia de la ciudad, donde ocurren más estacionamientos prohibidos que en el centro histórico y donde es posible exceder los parámetros de velocidad de los radares. Allí parecería ser más rentable el control.

En el centro histórico no se ve a los vigilantes de tránsito, excepto los que van de paso cómodos en sus carros hacia zonas periféricas, indiferentes e indolentes ante los embotellamientos permanentes y la paralización del tráfico en horas pico en calles y avenidas centrales.

El sistema de semáforos es precario y obstaculizador. Su operación no tiene lógica con las necesidades de circulación y los tiempos descalibrados del cambio de luces no hacen sino entorpecer más la movilidad. Durante las protestas de octubre –ya va para tres meses- algunos semáforos de la calle Gran Colombia quedaron sin operar y hasta ahora siguen en esas condiciones. ¿No tiene la EMOV técnicos ni recursos para repararlos? ¿Adónde va el dinero de las multas incesantes a los usuarios, aparte de otros buenos ingresos por matriculaciones y trámites? En todo caso, la ausencia de esos semáforos algo alivia las congestiones…

Las onerosas multas por rebasar los límites de velocidad exceden la racionalidad y la proporcionalidad y van acompañadas por la arbitraria fijación de los rangos de velocidad con escalas menores en vías de rápido deslizamiento. Tal es la arbitrariedad, que en avenidas de similares características se fijan límites diferentes.

En la actualidad la Municipalidad –a la que pertenece la empresa EMOV- desarrolla un intenso trabajo de reparación de la calzada en calles del centro histórico. Esto provoca dificultades de circulación y los conductores salen desesperadamente de cualquier forma de los embrollos. Y no hay un policía de tránsito presente para resolver los conflictos.

Por las aceras del centro histórico, destinadas a los peatones, circulan ciclistas que ponen en riesgo a los transeúntes. ¿Alguna vez se ha sancionado a estos infractores del sistema de movilidad sobre dos ruedas? Casi se ha vuelto “normal” este tipo de abusos estos sí, de necesaria sanción para escarmiento.

La ausencia de policías de la EMOV es notoria donde más son necesarios, como ciertos redondeles con largas columnas de carros pugnando por escapar del congestionamiento. A modo de ejemplo, vale citar lo que ocurre en el cruce de las avenidas Paseo de los Cañaris y 12 de Abril, en las proximidades del Hospital Regional y la Facultad de Medicina. Un cruce por el que da miedo atravesarlo.

La supresión del redondel en el cruce de las avenidas 12 de Abril y Solano provoca la desocupación del tramo de la Huaynacapac hasta la Calle Larga

Aquí el entorpecimiento parecería planificado con esmero: se eliminó el redondel de Huayna Cápac y 12 de Abril para desviar la circulación por Paseo de los Cañaris: y allí están las consecuencias. Mientras tanto, la Huayna Cápac, desde la 12 de Abril hasta la Calle Larga, casi no tiene tráfico. Y para colmo, han colocado tubos verticales de separación de los dos carriles, sin necesidad de estas señales que no pasan de ser un malgasto del dinero del que parece tener en exceso la EMOV.

En fin, es necesario reclamar planificación racional y técnica de la movilidad en Cuenca. No se justifican las complicaciones en la circulación cuando se dispone de una entidad especializada para estas tareas. Y nada se ha dicho de los rompevelocidades arbitrarios en calles y avenidas, ni del parqueo tarifado que desborda del centro histórico a la periferia, ni de los parqueos privados convertidos en negocios por los que vale la pena derruir bienes patrimoniales. Tampoco, de los buses que vomitan humeantes chorros de contaminación por los escapes, a las narices de los caminantes.

La presencia de ciclistas en las aceras del centro histórico es de todos los días y sin control.

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